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Regalos de Navidad – los que me han tocado a mi
Hace años que no paso el día de Reyes en Asturias, con mi familia. Eso significa que nos damos los regalos el día que cuadre: el 24, el 25, el 26… el 31 después de las uvas… cuando se pueda. Conste en acta que soy firme defensora de sus Majestades Los Reyes Magos, que siempre me traen los mejores regalos en cantidades industriales.
Y sin más entretenimiento ni introducción pasamos a lo que todos estáis esperando: las fotos y explicaciones de los tesoros que los Reyes me han dejado este año. Si recordáis el post de la carta de los Reyes, yo había pedido unas zapatillas de deporte, una olla de silicona, unos bolis stabilo y un guante de horno. Mis deseos se han hecho realidad y aquí os muestro los modelos escogidos por sus majestades.
Una caja de diez stabilo. Sin abusar, los colores básicos, pero más que suficientes.
Las zapatillas con las que planeo destrozar la cinta de correr
La olla de silicona donde cocinar calabacines al vapor es mi obsesión de estos días…
El guante de cocina con el que no me quemaré al usar el horno…
Pero el festival de los regalos no terminó ahí. En las alforjas de los camellos había bastantes más sorpresas para mi. Arol ha hecho fotos de absolutamente todo lo demás para que podáis curiosear bien a gusto… y a todos los que lleguen al final les espera una sorpresa: vuestra Mirichán de toda la vida… con un pijama de coneja (rabito incluído).
“Yo te conozco”
El domingo pasado, Arol y yo íbamos tranquilamente por la calle, dando una vuelta en nuestro barrio y buscando un lugar donde comprar la edición dominical de El País porque traia ¡¡una taza de starwars!! Lamentablemente no encontramos casi ningún lugar abierto y donde estaban abiertos, no tenían el periódico.
Pero la salida no fue en balde. Y es que estábamos cruzando la calle cuando un chico joven me mira y me dice “Yo a tí te conozco”. Yo me quedé sorprendida y empecé a buscar su cara en mi memoria, pero resulta que no caía. El chico siguió hablándome: “¿Tú no eres Mirichán?”. Coño, pues sí que me conoce.
En cuanto me dijo su nombre ya caí y disfrutamos de una charla de lo más chachi. Es genial que a veces me pasen estas cosas, así que animo a todo el mundo que me conozca (o que me quiera conocer) que me suelte un “yo a ti te conozco” cuando menos me lo espero. Anda que no mola.

Todavía quedan buenas personas en el Mundo
Parece mentira que haga falta decirlo, pero sí: he comprobado que todavía quedan buenas personas en el Mundo. Seres Humanos reales. Y esto no es sólo una opinión: hay hechos y estoy dispuesta a contarlos.

He secuestrado a Kitty.
Hoy es el cumpleaños de una excompañera de trabajo con la que afortunadamente, sigo manteniendo una espaciada, pero amistad al fin y al cabo. Diría su nombre, pero es de esas personas que aún conservan la timidez y la inocencia propias de los niños.
Es tan niña que es una fan absoluta de Kitty, esa gatita con el lazo rosa en su oreja izquierda. Y como no podía ser de otra forma, mi amigo primordial Ángel y yo le hemos preparado una sorpresa de cumple que culminó ayer.
Todo empezó creando una dirección de hotmail bastante peculiar: kill_kitty@hotmail.es. Comencé a enviarle correos anónimos explicándole que habíamos secuestrado a Kitty y que si no seguía las instrucciones, no habría un final feliz para la gatita.

Goodbye Kitty!!
Tres días estuve enviándole correos, con imágenes adjuntas que daban miedo. Ángel, que trabaja con ella, desviando la atención y contándome cómo evolucionaba todo. Y ella, elaborando sus teorías de quién podría ser y quién no y disfrutando el juego y el misterio. Lo genial comenzó cuando ella comenzó a responder a los correos y se dirigía a mí como “Señores Secuestradores”.
Ayer, por fin la citamos en el centro de Madrid y descubrimos la sorpresa dándole un abrazo y su regalo de cumpleaños: un ratón para el ordenador, inalámbrico, de Kitty. No podía ser de otra forma.
La verdad es que ha sido una de las sorpresas más curradas y divertidas que he preparado, y nos hemos reído un montón comentando después las sensaciones y pensamientos que sentimos los tres en cada momento. ¡Me encanta dar sorpresas!



