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Comida de aniversario: Chapitô
En nuestro segundo aniversario, además de ir a Lisboa, queríamos comer en algún sitio especial. En esa ciudad hay un montón de restaurantes donde se come muy bien con unos precios competitivos, pero nosotros buscábamos algo totalmente inolvidable. Antes de salir de viaje busqué en un montón de webs restaurantes con encanto y al final me decidí por uno llamado “Chapitô“.

A Arol no le conté nada de mi elección y lo mantuve en secreto hasta que llegamos al lugar. Lo bonito y el principal motivo por el que me decidí por este restaurante es que no es solo un restaurante, sino que es una fundación que destina sus beneficios a la difusión del arte y del teatro. En el mismo recinto donde está el restaurante hay un teatro, donde representan todo tipo de obras, y también hay una sala de exposiciones donde los artistas cuelgan sus cuadros o esculturas. En la tienda, te encuentras el trabajo de artesanos que realizan desde bolsos con cuero a objetos de joyería.
Además, el restaurante está cerca del Castillo de San Jorge y hay unas vistas preciosas de toda la ciudad. La comida no se quedaba atrás, estaba todo buenísimo: nosotros tomamos unas tostas, una crema de verduras y una ensalada con pato; además de un par de cafés con leche y vino blanco portugués. En la carta había carnes y pescados a tutiplén, y los precios eran más que ajustados.
Con ese lugar tan bien pensado, nuestra comida de aniversario fue muy romántica y como quiero poder recordarla por mucho tiempo, he subido en este post un millón de fotos. Para no colapsar conexiones, podéis verlas después del “sigue leyendo”.
Bienvenido a la Vida
En mi grupo de amigos de Madrid hay dos parejas que están esperando su primer hijo. Unos están de cuatro meses y los otros están de siete. Ya sé que todo el mundo entiende lo que significa “están esperando a su primer hijo”, pero lo llevo pensando muchos días y no se me quita la emoción de que estén fabricando literalmente un ser humano. Una persona que a lo mejor gana el premio Nóbel de física o a lo mejor descubre una estrella nueva o que quizá trabaje en el cuerpo de bomberos y apague un fuego. Están fabricando a una persona que hará feliz a otras personas. De las que no te pasan indiferentes, con las que te ríes. Como sus padres para mí, claro.
Evidentemente, tal y como las convenciones sociales de nuestra cultura señalan, estoy ansiosa por hacerles un regalo. Pero no cualquier regalo. Yo quiero regalar algo a esa persona que vaya a serle útil de verdad en la vida. Ojala se pudiera regalar un frasco de paciencia, para que la usen cuando sus padres no sepan por qué llora. Estaría bien también que pudiera comprar una caja de valentía, para que cuando les toque nacer empujen valientes con su cabeza y salgan a respirar al mundo. O un camión de esperanza, porque mucha gente les dirá que el siglo XXI no es el mejor momento para hacer acto de aparición, que hay crisis, que a quién se le ocurre tener un hijo en estas fechas… como ya nos dijo el viejo Josep Mascaró.
Y entonces, justo en ese instante me doy cuenta de que no puedo regalarles algo así porque ya lo tienen. Tienen unos padres increíbles, personas con valores sólidos, con corazones de verdad, con entrega y entusiasmo en este nuevo proyecto que es tener un hijo. Nada puede salir mal. Así que, con cierta sonrisa de felicidad en la cara, me voy a Prenatal, a ver si encuentro un trajecito bonito o algo bonito que guste a sus padres, porque el bebé seguramente piensa como yo y lo que de verdad quiere es nacer de una vez y empezar a disfrutar la maravillosa aventura de la vida.
(Genial imagen de VladStudio)
Regalos de Navidad – los que me han tocado a mi
Hace años que no paso el día de Reyes en Asturias, con mi familia. Eso significa que nos damos los regalos el día que cuadre: el 24, el 25, el 26… el 31 después de las uvas… cuando se pueda. Conste en acta que soy firme defensora de sus Majestades Los Reyes Magos, que siempre me traen los mejores regalos en cantidades industriales.
Y sin más entretenimiento ni introducción pasamos a lo que todos estáis esperando: las fotos y explicaciones de los tesoros que los Reyes me han dejado este año. Si recordáis el post de la carta de los Reyes, yo había pedido unas zapatillas de deporte, una olla de silicona, unos bolis stabilo y un guante de horno. Mis deseos se han hecho realidad y aquí os muestro los modelos escogidos por sus majestades.
Una caja de diez stabilo. Sin abusar, los colores básicos, pero más que suficientes.
Las zapatillas con las que planeo destrozar la cinta de correr
La olla de silicona donde cocinar calabacines al vapor es mi obsesión de estos días…
El guante de cocina con el que no me quemaré al usar el horno…
Pero el festival de los regalos no terminó ahí. En las alforjas de los camellos había bastantes más sorpresas para mi. Arol ha hecho fotos de absolutamente todo lo demás para que podáis curiosear bien a gusto… y a todos los que lleguen al final les espera una sorpresa: vuestra Mirichán de toda la vida… con un pijama de coneja (rabito incluído).
Carta a los Reyes Magos
La verdadera carta que he escrito a los Reyes Magos está escrita a todo color y colgada del árbol de Navidad, pero ya que estamos, también querría compartirla en el blog. Este año, como todos los demás, he sido persona. Eso significa que a veces fui buena y otras veces no tanto, pero intenté tomar las mejores decisiones posibles con la información que tenía en cada momento.
Mi lista de regalos de Navidad es la siguiente:
Me gustaría un par de zapatillas de deporte que sirvan para correr en la cinta del gimnasio y para hacer elíptica y todas esas cosas cansadas que me empiezan a gustar. Las que tengo son de la EGB, cuando hacía Educación Física en el colegio. No existe calzado más duro en el mundo, teniendo en cuenta que las tengo desde hace más de 14 años, empiezo a pensar que son irrompibles.
Unos guantes para horno. Últimamente el horno me está dando mucho juego (berenjenas rellenas, muffins, scones…) y verme sacar las bandejas podría ser parte de un capítulo de Seinfeld.

Siguiendo con la vena cocinera, no estaría mal que me trajeran una olla de silicona de esas que sirven para cocinar cualquier cosa al vapor en el microondas. ¡Son geniales! Y podría hacer tortilla de patata… ¡¡sin tener que freír las patatas!!

Por último, algo con lo que llevo soñando muchos meses. Lo veo en muchas tiendas y me resisto a comprarlo porque siempre pienso que en realidad no lo voy a usar tanto y que tengo miles de ellos en casa… Me refiero a un pack de bolis de colores, de los stabilo octogonales de toooda la vida.

Aunque también me sirven los Triplus de Staedler (el otro día me compré uno azul para escribir las postales de Navidad y me encantó).

Y ahora a cruzar los dedos y a esperar que los Reyes pasen por aquí…
Viajando en Septiembre: Liverpool
A Arol no le gusta ser el centro de atención (salvo cuando está en ambientes de mucha confianza) y por eso, no le gusta que llegue el día de su cumpleaños. Se siente incómodo en medio de tantas felicitaciones, besos, abrazos y bromas respecto a su edad. Pero, queramos o no, los cumpleaños llegan igual de puntuales siempre, y el 25 de Agosto de 2011 no perdonó: Arol cumplió treinta y tres. Lo tengo hecho un chaval.
Como regalo de cumpleaños, pensé en una edición antológica de discos de los Beatles (su grupo favorito de siempre) pero después de reflexionarlo desde mi nueva perspectiva minimalista, descarté la idea: basta de acumular pertenencias materiales; vamos a regalarnos cosas que nos dejen patidifusos, estupefactos y sin palabras. ¿Antología de los Beatles? ¿Para qué? Mejor le regalaba un viaje a Liverpool y le llevaba a los lugares donde ellos nacieron, crecieron, se conocieron y tocaron por primera vez.
Mejor participar en la antología que comprarla.
Así que aprovechando que el 9 de septiembre era fiesta en Madrid, cogimos las maletas de mano y nos montamos en un avión de Easy Jet. Y menudo fin de semana. ¿Que en la antología está el tema de Penny Lane? Me parece perfecto, pero nosotros estuvimos allí, paseamos la calle de arriba a abajo y vimos todas las cosas que nombra en la letra. ¿Que tu favorita es Strawberry Fields? Mira por donde, yo ví el parque que da nombre a esa canción y ahora entiendo mejor eso de “Strawberry Fields forever”. ¿Que pierdes las bragas por Ringo? Yo también y estuve en la casa donde nació. ¿Tu favorito es Paul? También sé donde vivió (y eso que cambió mucho de casa!). ¿Brian Epstein, el hombre que hizo a los Beatles? Nosotros nos alojamos en el hostel que tiene su hijo, con materiales inéditos de la banda en las paredes. ¿The Cavern? Mira por donde, Arol hasta sirvió una caña detrás de la barra y por supuesto, vimos un concierto allí.

Si a alguien le gustan los Beatles, mi sugerencia es que venda todos los discos y se vaya a Liverpool un finde. Tanto acumular cosas materiales en la estantería del salón, se nos está llenando la vida de polvo.
Segunda Entrega de Regalos

Quizá el post más apropiado para hoy habría sido un buen desayunaco con roscón de Reyes, pero después de los muchos excesos cometidos en Navidad, hemos optado por un desayuno algo más ligero y evidentemente, más aburrido.
También ha sido el día tranquilo en cuanto a regalos, ya que todo se repartió en Nochebuena. Cosas de expatriarse. En cualquier caso, sí que os debía la segunda parte de los regalos recibidos entonces, así que aprovecho y lo casco.
Faltaba por contar: un perfume de lo más novedoso y extraño, llamado Vainille Noir, que tiene un olor que no tiene nada que ver con la vainilla ni con el color negro; pero que sigue pareciéndome de lo más exótico. Un (siempre bienvenido y necesitado) pack de braguitas de algodón. Un bolso de color marrón, de los que se llevan cruzados (más cómodos y últimamente los encuentro más juveniles), y un vestido de punto negro que ha sido un acierto, tanto desde la talla como al estilo: los escotes en pico son santo de mi devoción.
No salieron en la foto los maravillosos regalos que recibí en casa de los Tones: una agenda de monopoli (que no tiene nada que ver con el popular juego de mesa); una camiseta de florecillas azules que será todo un comodín para mis días de trabajo y, como no, unos post-its de mi querida amiga Ponny Brown.
Han sido unas Navidades generosísimas, y como siempre me termino de dar cuenta de que no necesitaba nada de lo que me han regalado, aunque ahora no podría vivir sin ninguno de esos inservibles objetos. ¡A ver quién me entiende!
Debe ser que fui algo buena en 2010
Ser Expatriada tiene cosas buenas y cosas muy buenas. También tiene alguna mala, pero esas es mejor no contarlas ni pensarlas. Una de las cosas requetebuenas es que los Reyes magos llegan el 24 por la noche, porque el día 6 de enero yo estoy dándolo todo en Madriz, y aunque si se puede le hinco el diente al roscón, los regalos se reciben siempre en Asturias.
Este año 2010 he debido de ser requetebuena, porque ¡hasta tengo qe escribir dos posts para dividir la ingente cantidad de regalos que he desenvuelto y agradecido efusivamente hasta el éxtasis!
La primera entrega vengo a contarla hoy. Y lo primero es siempre la fotaca.
Estas Navidades los Reyes Magos me han traído: unos zapatos clásicos, de salón, pero muy ponibles sobre todo para ir a Trabajarah y a eventos varios que una tiene que ir marcando presencia. Una manta eléctrica, de las pequeñitas, porque desde que me dió el dolor fulminante en la espalda como aviso del estrés laboral he aprendido que el calor es bueno para los dolores de musculos y huesos, y que un pinchazo con una aguja “así” de grande hay que evitarlo por todos los medios. Una bolsa de agua caliente con su correspondiente funda de leopardo en “peluche”. Las bolsas de agua caliente son un gran invento de la humanidad, sobre todo de la parte que siempre tiene los pies fríos. Una mug de esas que te traen tres tizas blancas para que escribas en ella: estoy ansiosa por ver mis frases de inspiración matutina a las siete y media de la mañana. Un conjunto de pendientitos y de gargantillita de Swarosvki, que es mi primera cosa de joyería de marca que tengo en mi vida y que hace ilusión, aunque no sé si tendré ocasión digna de ponérmelos. Un boli azul con mi nombre en la solapita. Dos libros: Angeles Caso y Javier Reverte. Un monedero para la calderilla, que siempre parezco una casa de cambios con tanta monedita. Una libretita de Kukuxumusu. Un atril para la flauta, de los que se ponen de pie en el suelo; porque tengo uno pero es de mesa y cuando llego al último pentagrama estoy encorvada hacia abajo y tengo miedo de que me salga chepa o de tener que usar la manta electrica por la contractura muscular que me voy currando yo sola, sinfonía a sinfonía.
La segunda parte de los regalos, mañana. Yo creo que lo mejor es que no leais las dos entradas, porque voy a generar un montón de cartas de reclamación a los Reyes Magos y tengo miedo de que se arrepientan y quieran llevarse alguna de las maravillas que, como decía antes, he desenvuelto y agradecido efusivamente hasta el éxtasis el pasado 24, después de cenar.
Al Grinch le gusta la Navidad por los regalos
Aunque suene materialista, capitalista y anticrisis, una de las cosas que más me gustan de la Navidad es que puedo hacer regalos sin límites y por supuesto, que a mí también me regalan. Los regalos siempre son una buena razón para cualquier momento de nuestras vidas; anda que no es mítica la situación en la que te preguntan por qué quieres hacer la comunión y con tus ocho años y medio, respondes tranquilamente: “por los regalos”.

Es cierto que muchas veces gastamos demasiado dinero para impresionar a personas que no nos importan. Pero otras muchas veces, escogemos el regalo con un montón de ilusión, pensando que cumpliremos un pequeño deseo de esa persona, aunque sea un deseo material. El problema no es que los regalos sean materiales: desde mi punto de vista el fallo es centrarse solo en esa parte.
El ritual de los regalos no es sólo gastar dinero y comprar cosas. Hay personas que dedican tiempo a fabricar regalos manualmente, y otros tantos ponemos un empeño especial en envolver esos regalos como se merecen. La cuestión es mostrar que tu intención no es solo responder a un compromiso social, sino obsequiar a alguien con algo proporcional de alguna forma a la relación que os une.
He secuestrado a Kitty.
Hoy es el cumpleaños de una excompañera de trabajo con la que afortunadamente, sigo manteniendo una espaciada, pero amistad al fin y al cabo. Diría su nombre, pero es de esas personas que aún conservan la timidez y la inocencia propias de los niños.
Es tan niña que es una fan absoluta de Kitty, esa gatita con el lazo rosa en su oreja izquierda. Y como no podía ser de otra forma, mi amigo primordial Ángel y yo le hemos preparado una sorpresa de cumple que culminó ayer.
Todo empezó creando una dirección de hotmail bastante peculiar: kill_kitty@hotmail.es. Comencé a enviarle correos anónimos explicándole que habíamos secuestrado a Kitty y que si no seguía las instrucciones, no habría un final feliz para la gatita.

Goodbye Kitty!!
Tres días estuve enviándole correos, con imágenes adjuntas que daban miedo. Ángel, que trabaja con ella, desviando la atención y contándome cómo evolucionaba todo. Y ella, elaborando sus teorías de quién podría ser y quién no y disfrutando el juego y el misterio. Lo genial comenzó cuando ella comenzó a responder a los correos y se dirigía a mí como “Señores Secuestradores”.
Ayer, por fin la citamos en el centro de Madrid y descubrimos la sorpresa dándole un abrazo y su regalo de cumpleaños: un ratón para el ordenador, inalámbrico, de Kitty. No podía ser de otra forma.
La verdad es que ha sido una de las sorpresas más curradas y divertidas que he preparado, y nos hemos reído un montón comentando después las sensaciones y pensamientos que sentimos los tres en cada momento. ¡Me encanta dar sorpresas!



