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Fruta y verdura del agricultor a mi casa
De un tiempo a estar parte, proliferan por Internet empresas que, en un marco de comercio justo, ponen en contacto al agricultor con el consumidor final. De esa forma, el productor no tiene que vender sus productos a un precio bajo, impuesto por las grandes multinacionales y el consumidor final disfruta de productos de una calidad mayor. Es el binomio perfecto.
Arol y yo hace un tiempo que nos animamos a pedir unos cuantos kilos de naranjas y de mandarinas, además de unos tomates ecológicos y unas peras. El proceso fue fantástico y digno de contar: hicimos el pedido un domingo pasada la medianoche, el lunes el agricultor cortó la fruta de los árboles y el martes por la mañana teníamos el pedido en casa. Abrimos la caja y la verdad es que no nos encontramos nada sorpresivo ni raro: aquello eran naranjas, mandarinas, peras y tomates. Así que sería cuestión de probarlos.
Lo primero que comí nada más recibir la caja fue una mandarina y estaba muy buena. Jugosa, dulce, firme y con un color brillante. El sabor era realmente auténtico y muy refrescante. Creo que va a ser difícil que comamos mandarinas del supermercado otra vez, sobre todo porque el precio tampoco constituye un elemento diferenciador.
A la mañana siguiente tomamos unas naranjas en el desayuno. Normalmente no tomamos zumo de naranja porque no sacia de la misma forma que comerte una naranja entera. La naranja estaba buenísima, igual que las peras. Y mientras espero que los tomates maduren, he escrito este post. Ahora creo que voy a buscar una página similar pero que me traiga los productos de mi Patria Querida, Asturias. ¿Alguien conoce alguna o utiliza estos servicios?

Cataratas de Iguazú
Una vez vimos las misiones jesuíticas, dejamos atrás la ciudad de Posadas y nos fuimos en autobús (cinco horitas de nada) a Iguazú, para visitar las famosas y archiconocidas cataratas. Como ya sabéis, estas imponentes cascadas hacen de “frontera natural” entre Brasil y Argentina, con lo que puedes alojarte en el lado brasileño o en el lado argentino.
Nosotros apostamos por Puerto Iguazú, en el lado argentino, y la verdad es que no me arrepiento para nada: es un pueblo muy bonito, muy bien comunicado con las cataratas y con mucha variedad de alojamientos. Para aquellos que son del rollo B&B, queda recomendado 100% el Pop Hostel Natura, con sus hamaquitas, piscina y desayuno incluido en el precio.

Tuvimos mala suerte y los dos días que nos quedamos en Puerto Iguazú llovió a mares. Aquí cuando llueve es en plan tropical, cada gota son como 100 mililitros de agua y no hay chubasquero que aguante. Además, los caminos son de tierra, así que se encharcan y es dificil moverse en el barro rojizo. Pero no cruzas 12.000 kilómetros de mundo para quedarte sin ver una de las maravillas de la naturaleza solo “porque llovía”, así que Arol y yo salimos de nuestro B&B conocedores de que sí, nos íbamos a empapar y probablemente caería un catarro o dos; pero ¡¡que son las cataratas de Iguazú, o como dicen los guaraníes “y” (agua) + “guassu” (grande)!!
Estuvimos desde las nueve de la mañana hasta las dos de la tarde recorriendo el parque. Vimos la “garganta del diablo”, que con sus caídas de agua de 80 metros de altura me dejaron sobrecogida. ¡¡Cuanta agua!! ¡¡Qué ruido!! También fuimos por el paseo superior, viendo otros saltos y por el paseo inferior, bajando hasta estar muy cerca del lecho del río donde el agua caía. Llovía sin parar y teníamos que caminar mucho cuidado por las pasarelas que hay en medio de la selva para no rompernos los dientes en una caída potencialmente mortal, pero aún así yo intentaba fijarme en la vegetación y en los animales.
Arol ha hecho decenas de fotos de las cataratas, pero es dificil captar la grandiosidad de tanta agua cayendo sin detenerse y abriendose paso por cada grieta. Hay que coger el avión y el chubasquero y verlo con los propios ojos.



Cuando llegamos al B&B, totalmente empapados, nos dimos una ducha calentita que nos supo a gloria, cenamos sorrentinos (una especie de tortellini) de jamón y queso cocinados por nosotros en la cocina del hostel y nos fuimos a dormir tranquilos. Próxima etapa de viaje: Sao Paulo!
Aconcagua.

Dicen que su nombre significa "Centinela de Piedra".
Para ir a Argentina desde Chile, hay que atravesar una frontera natural que separa a ambos países: la cordillera de los Andes. Afortunadamente, no hace falta ir Andando, sino que hay diferentes pasos por carretera, aunque en invierno suelen cerrarse con bastante frecuencia por la nieve y el mal tiempo.
Los Andes. Con sus más de siete mil kilómetros de extensión, tienen el pico más alto de América (y del mundo si no contamos Asia y su Himalaya): el Aconcagua.
Y ahí que se fue Mirichán, a levantar mucho la cabeza al pie de la montañona y decir aquello de ¡¡Haaaaala!!
Supongo que cuando estás delante de una montaña tan grande (casi 7000 metros), no puedes hacer mucho más que asombrarte y sentirte muy pequeña.
Y así me sentí yo: un tapón de 1.65 y muy joven, ya que según wikipedia, el Aconcagua tiene 280 millones de años. Vamos, que los dinosaurios herbívoros pastaban allí tranquilamente y los carnívoros se pasaban el día Aconcagua parriba, Aconcagua pabajo para cazar a los herbívoros. ¡Ay si las piedras hablaran!



