Expatriada (en Madriz)

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Vida espiritual

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Por motivos que no vienen al cuento, hace bastantes meses dejé mis clases de flauta travesera. Guardé la flauta en un cajón, las partituras en otro y los días pasaron convirtiéndose en meses, y los meses en semanas hasta que ayer volví a casa con una sensación de tristeza.

No suelo estar triste, no soy una persona especialmente melancólica. Por eso, cuando mi estado de ánimo cae durante varios días, cuando me cuesta sonreír o gastar una broma, intento pararme a pensar con detenimiento qué me ocurre. A raíz de mi reflexión de ayer me di cuenta de que poco a poco mi vida se ha ido convirtiendo en una sucesión de responsabilidades laborales que me exigen impasibles de lunes a viernes, y el fin de semana me dedico a cocinar para no tener que preocuparme de hacerlo entre semana. Sólo me queda un respiro: el viaje al mes que Arol y yo intentamos hacer.

¿Dónde quedó mi vida espiritual? ¿Dónde está el espacio para que mi espíritu se exprese libremente?

Así que ayer abrí el cajón, saqué la flauta, busqué las partituras y soplé como si el salón de mi casa fuera una caja de música. Lo siguiente que hice fue buscar una profesora de flauta, revolver entre mis contactos para encontrar a alguien que me ayude a cultivar los sostenidos y los bemoles que me hacen tan feliz.

flauta

A algunos les da por pintar, a otros por escribir cuentos. Conozco gente que esculpe, que diseña o que dibuja. No dejéis de cultivar vuestros espíritus, de dar rienda suelta a vuestras creatividades y de soplar, dibujar, bailar… la magia.

Written by Mirichan

agosto 4th, 2011 at 9:29 am

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Lo de la flauta (o psicología del público)

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Estudio un instrumento musical en mi tiempo libre a sabiendas de que nunca llegaré a saberlo todo de él. Siempre hay cosas nuevas y nuevos retos; la música es un contenedor infinito de aprendizaje. Como ya os he contado antes, una vez al año, mi profesora organiza una audición pública donde cada alumno da lo mejor de sí mismo. Cada uno es libre de elegir una partitura para estudiarla y la machacarla hasta que los dedos se desconectan del cerebro y literalmente, danzan solos por encima de la flauta.

Es curioso observar lo que ocurre en las audiciones. Hay gente que es competitiva por naturaleza y que sólo con ver su atuendo encima del escenario puedes ver que han ido a destacar, a sobresalir, a demostrar qué bien lo hacen. Además, siempre eligen obras con renombre: un Bach, un Mozart… y cuanto más largas mejor. Impresionan al público con sus tres atriles puestos en línea, porque necesitan tres para poner seis o siete hojas de partituras. La gente piensa: ¡guau! ¡oh! ¡vaya! ¡impresionante!

Luego están las Mirichanes. Personitas que se ponen una ropa con la que se sienten cómodas. Que salen al escenario con una miserable hoja de papel, aunque os diré en secreto que la partitura era tan pequeña que me la sabía de memoria. Encima de cutres, tienen la osadía de dedicar la partitura a alguien que hay entre el público, conectando a todos en una historia. Y entonces las Mirichanes soplan, y suena una obra que muchos no saben quién compuso pero todos pueden tararear. Este año fue Gabriel Oboe, de “La Misión”.

Una vez hemos terminado todos de tocar, se sirve un catering. El público y los artistas se mezclan y todos recibimos felicitaciones. Yo pasé a ser automáticamente la chica que tocaba Gabriel Oboe. Todo el mundo encantado con mi partitura mono-hoja; contándome las sensaciones que les había evocado, cómo les gustaba la peli, en qué año la vieron. Y mientras tanto Bach, vestido con sus mejores galas, arrinconado en un rincón: el único rincón de la sala donde la humildad no tenía cabida.

Hay gente que es competitiva por naturaleza. Lo que no entiendo es porqué tocan un instrumento musical en vez de dedicarse al atletismo.

Written by Mirichan

junio 25th, 2010 at 12:43 pm

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