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Viajando en mayo
Seguimos con los viajes. Y es que Arol y yo no podemos parar. Nos hemos puesto el objetivo de hacer un viaje al mes, nacional o internacional, eso no importa. España es un país maravilloso, Europa es un continente maravilloso, ¡qué demonios! La Tierra es un lugar maravilloso. Merece la pena visitar sus rincones.
En Abril ya os conté que fuimos a Mérida, en la provincia de Badajoz. Qué ciudad. Aún puedo ver el Templo de Diana cuando cierro los ojos. El desayuno en Jijona, los pasos semanasanteros, la lluvia. Un destino que me sorprendió gratamente, yo que pensaba que era mejor dejarlo para cuando empiecen los achaques y los viajes con el Inserso.
En Mayo nos decidimos por Bélgica. Llegamos en avión hasta Bruselas y dimos una vuelta de un par de horas por la ciudad. Luego fuimos en tren a Brujas, que era el destino real. Me gustó muchísimo la ciudad, con sus casitas de cuento de hadas. Me recordó a Zurich en algunas cosas. Me sorprendió su gastronomía, envidiable y variadísima, con pollo al estilo flamenco, carne a la cerveza y lo más rico: las bolitas de perejil frito. Simple perejil redondeado y frito. Buenísimo y nuevo para mí. Y lo que no era tan nuevo, el chocolate belga!! Buenísimo para una chocoadicta a dieta como yo. Había también muchas actividades culturales, y hasta tuvimos suerte de asistir a un concierto de arpa de lo más relajante y emotivo.

Brujas tiene muchas cosas que ver. Dos plazas mayores, grandes y preciosas, llenas de edificios con arquitecturas llamativas. Las puertas de la ciudad, sobre las que pesan ciertas leyendas que ya os contaré. Calles empedradas, un río, un palacio de congresos, plazas, parques, molinos. Es como si todo continuara sucediendo en el siglo XIX, con carruajes de caballos recorriendo las calles incluidos.

Pero lo que no me esperaba en absoluto es que tuviera canales. En la pequeña Venecia del norte, el agua te sorprende y te corta el paso en tus caminatas por la ciudad, si no tienes cuidado. Historias curiosas, como el llamado “puente español”, que es donde los comerciantes españoles que iban a vender lana de las ovejas manchegas atracaban los barcos para negociar con los locales. Yo caminé por él y me imaginé a aquellos españoles del año mil setecientos, con sombreros de plumas y bigotes rizados, acordando un precio para la lana proveniente de los Campos de Castilla. Ay, si Machado levantara la cabeza.

Las fotografías de este post han sido realizadas por Arol. Muchas más en su Flickr!
Qué voy a hacerle,soy feliz.
Cuando visité todas sus casas esparcidas por Chile, Pablo Neruda me enseñó que lo más importante para componer una Oda no es ser poeta. Cuando lees sus odas (escribió muchas, tantas que a veces me pregunto por qué no hizo una Oda a las odas) te das cuenta que lo verdaderamente importante es la pasión desmedida por aquello que las protagoniza.
Me gusta especialmente una que escribió para “el día Feliz”, que comienza diciendo algo así…
ODA AL DÍA FELIZ
ESTA vez dejadme
ser feliz,
nada ha pasado a nadie,
no estoy en parte alguna,
sucede solamente
que soy feliz
por los cuatro costados
del corazón, andando,
durmiendo o escribiendo.
Qué voy a hacerle, soy feliz.
(…)
Muchas veces me siento feliz y sorpresivamente la gente me pregunta qué me ha pasado para estar tan contenta, tan feliz. A veces les respondo que “nací así”, pero me gusta más cómo lo dice Pablo. Qué voy a hacerle, soy feliz.

Lo llevo en la sangre…
Lotería de Navidad: el principio
Un recuerdo de mi infancia es levantarme por las mañanas el día de la lotería de Navidad y pasarlo viendo cantar números a los niños de San Ildefonso. Mis padres me daban los décimos y participaciones que tenían y yo los colocaba cuidadosamente extendidos delante de mí. A cada número que cantaban aquellos niños yo echaba una rápida mirada a todos mis papelitos, a ver si nos había tocado.
Más de quince años después me descubro trabajando en una oficina, dándole compulsivamente al F5 en la página de onlae, para ver si los niños han cantado esta vez mi número. Este año no he tenido suerte, pero es que la agoté toda con la cantidad de cosas buenas que me han pasado a lo largo de estos doce meses. Si ese refrán que reza “afortunado en el amor, desafortunado en el juego” es cierto, creo que no volveré a ganar absolutamente nada en mi vida. Y me alegro.

Para mí la Navidad empieza con la lotería de Navidad. Antes del 22 de diciembre, todavía no es Navidad. Después del 22, es claramente Navidad. Cada año me repito, pero no me canso de decir que a mí me gusta la Navidad: tengo el don de disfrutarla. Últimamente y quizá mucho más este año por el contexto de pesimismo general, hay mucho Grinch verde suelto y aunque no es mi meta en la vida evangelizar a los que piensen o sientan distinto a mí, me gustaría que todos dedicáramos un momento a pensar ALGO BUENO que tenga la Navidad para nosotros. A pesar de que no te guste nada, de que la odies, de que te ponga triste o de que te parezca una hipocresía. Algo bueno tendrá que tener.
Mañana, empiezo con una hornada de posts, calentitos, titulados “Soy un Grinch y me gusta la Navidad”. ¡Cuento con tus ideas!



