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Desayuno Trufado
Cuando oyes la palabra “trufa” puedes pensar en dos cosas. En el hongo subterráneo que es carísimo y que tiene un sabor tan particular (yo soy una grandísima admiradora secreta del rissoto con ceps y trufa) o en el dulce que se fabrica con chocolate, mantequilla, yema de huevo y azúcar. En mi caso, siempre pienso en la segunda opción. Chocolate. No diré más.
Aunque en el supermercado hay trufas durante todo el año, yo sólo las compro en Navidad. El resto del año, he aprendido a vivir mi vida sin trufas. También he limitado la cantidad de trufas que compro (solo una caja, que trae como unas 20 – 25 unidades) y la cantidad que como cada día (una o máximo dos unidades, que nos conocemos Mirichán…).
No hay desayuno mejor que un vaso de leche desnatada, fresquita, y un par de trufas. Hay gente que las mete enteras en la boca y deja que se le derritan. Yo las voy comiendo a mordiscos, para que me duren más. Evidentemente no es el desayuno más sano ni el más nutritivo, pero ¿una vez al año no hace daño?

(Que alguien se solidarice conmigo: he sacado todas las trufas que quedaban en la bolsa, he hecho las fotos y las he vuelto a meter… ¡solo me he comido una durante todo el proceso! Creo que todos estos años he subestimado mi fuera de voluntad…)
Desayuno especial: cupcakes literales
Cupcake significa, literalmente “tazapastel”. ¿Por qué tazapastel si no hay involucrada una taza? Quizá es porque es un pastelito del tamaño de una taza de té, o porque para disfrutarlo de verdad, lo mejor es acompañarlo con una taza de café o de leche con cacao. Buscando más sobre este tipo concreto de materia desayunil (y sobre todo interesándome por la diferencia respecto a la muffin o a nuestra magdalena de toda la vida; y es que hay mucho que aprender en el mundo del desayuno), he descubierto una receta para hacer las “cakes” utilizando una taza. Y en el microondas. En tan solo dos minutos “cupcakes” literales para desayunar.
Quedaron esponjosas y muy ricas, aunque para la próxima vez les pondré fideos de chocolate para que tengan más sabor. También se me ocurre intentar sacarlas de la taza y presentarlas en un plato, con un poco de mermelada. En este caso, como eran las seis y media de la mañana de un día laborable, no tenía mucho tiempo, así que simplemente espolvoreé un poco de azúcar glass y le puse unos corazones de caramelo por encima, encontrando una nueva forma de decirle a Arol que simplemente, le quiero.

Por si alguien se anima a probarlas, vamos con la receta. Es una adaptación de varias recetas que he leído, y es que la mayoría tienen un montón de aceite (el triple de lo que yo he puesto!) y yo las quería un poco más “light”. Con esta receta yo hice dos cupcakes literales; aunque las tazas eran más bien pequeñas (más pequeñas que una mug normal).
En un bol, pones un huevo y lo bates; y después añades una cucharada sopera de aceite y lo mezclas todo bien. Yo usé aceite de oliva, pero imagino que girasol o maíz son también válidos.
En otro bol, pones tres cucharadas soperas de harina (yo usé trigo integral), una cucharada sopera de azúcar (yo usé morena), media cucharada sopera de levadura en polvo y una cucharada sopera de cola cao (aunque como os digo, yo creo que con dos cucharadas de colacao estarán mejor si planeáis comerlas sin añadir nada más). Revuelve un poco el contenido de este bol, para que los ingredientes secos se mezclen bien.
Ahora, junta el contenido de los dos boles y mézclalo para que se forme una masa homogénea. Tiene que quedar líquida pero espesa, con una textura parecida al yogur griego. Si te ha quedado muy líquida, no pasa nada; solo hay que añadir un poco más de harina. Una vez esté lista, repartes en dos tazas. Ten en cuenta que como le hemos puesto levadura, va a subir, así que no llenes más arriba de la mitad de la taza.
Pon las dos tazas en el microondas, juntitas, y a máxima potencia (en mi caso pone high, pero no sé cuánta potencia es)durante un minuto y vigílalo, para ver cómo sube (es más entretenido que ver la tele, lo prometo). Verás que sube rápido hasta un determinado momento en el que ya no sube más.
Deja que el microondas salte y abre la puerta pasado el minuto; si ves que aún está muy mojado, ponlo otros 10 segundos (literales, yo conté hasta diez en la soledad de mi cocina). Cuando esos 10 segundos terminen, apaga el microondas y no abras la puerta: tienen que terminar de hacerse durante dos o tres minutos más, en la soledad de dentro del aparato.

Desayuno de Año Nuevo: panettone
El primer día del año hay que desayunar con fuerza. Si es posible, algún producto especial, que nos guste o que no podamos consumir el resto del año. Soy partidaria de que no hay nada prohibido en el desayuno: ¿te gustan las albóndigas? Pues hazte un sandwich usando una. ¿Eres fan del turrón de chocolate de suchard? Pues el día de Año Nuevo no puedes permitirte no desayunarlo.
Este año, Arol y yo seguimos la tradición argentina. Como es un país que ha acogido a tantos españoles como italianos, mezclan productos típicos de cada país junto con las costumbres locales. Por ejemplo, en las fiestas navideñas toman como postre turrón y panetone. Dos productos característicos de España e Italia, respectivamente. Y para darle el contrapunto local, toman ensalada de frutas, bien fresquita. Claro que allí celebran la Nochevieja en pleno verano.
El día de Año Nuevo, se desayuna el panetone y la ensalada de frutas que sobró, y así hemos hecho nosotros. Panetone tradicional, con frutas confitadas. Yo me lo tomé con un colacao y Arol con un café. Para quien no lo haya comido nunca, es una especie de bizcocho muy ligero, del que puedes comer varios trozos sin sentirte empachada. Tiene un sabor característico, que se parece un poco al del roscón de Reyes.

Además del panetone, tomamos también un poco de ensalada de frutas. Arol hizo un montón (se nota que está acostumbrado a prepararla para su familia, en la que se juntan veinte personas como si nada a comer la ensalada). Así que tendremos macedonia de frutas para desayunar durante varios días. Como hay que conservarla en la nevera, está muy fría. Las frutas sueltan sus jugos y sus sabores y está muy buena.
Os he preparado un sencillo fototutorial con el que cualquiera podría prepararla. Quizá se disfruta más en verano, pero yo la meto al microondas para que dé un par de vueltitas y así se le quita el frío neveril y puedo tragarla sin que se me ponga toda la piel de gallina.

Y para cerrar el primer desayuno del año, os dejo con un foto romántica del conjunto. Y es que los desayunos también enamoran… ¿o no?

Desayuno sin tele.
No sé si alguna vez lo dije, pero desde hace más de 8 años, vivo sin tele. El otro día caminando por Valparaíso me encontré con esto, y no pude reprimir hacerle una foto.

Así que hoy, os invito a que desayunemos sin tele. Solo por probar, ¡¡a ver qué se siente!!
El desayunador

En Valparaíso, que es la capital de la Quinta Región de Chile, descubrí sin querer un sitio que me emocionó y me entusiasmó más que cualquier otra cosa de esa ciudad (escribiré un post próximamente contando lo preciosa que es para que se pueda entender el alcance de esa frase).
Se trata de una especie de café que lleva por nombre “El Desayunador”. En este lugar la carta solo tiene distintos tipos de desayunos, que se sirven desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la tarde.
Y es que, ¡cualquier momento es bueno para desayunar!
Desayuno con Palta

Al poco de llegar a Chile tomé un desayuno que, no sé si será típico, pero a mí me pareció de lo más original. Se componía de un café con leche, un yogur de “frutilla”, que en realidad son fresas y un sandwich de jamón, queso y palta. Yo no tenía ni idea de lo que era la palta cuando tuve que decidir si quería o no, pero por su apariencia externa, su color interno y el enorme hueso que tiene, deduje que es un aguacate. Me contaron aquí que hay muchos tipos de palta, que se toma en el desayuno untándolo en pan (como en la foto) o en las ensaladas, en los completos (perritos calientes cargados con un montón de cosas), etc.
Me encantó desayunar palta. Estos chilenos saben muy bien lo que se hacen en materia desayunil!
Desayunos en NY
¿Por donde empiezo a contar un viaje de dos semanas lleno de anécdotas y cosas que contar? Pues por el principio de todo: el desayuno. Nueva York en particular y Estados Unidos en general tienen una gastronomía que es pobre y letal a partes iguales. Pobre porque no hay comidas tipicas más allá de las globalizadas hamburguesas y perritos; letal porque comas lo que comas, ten por seguro que de dieta mediterránea no tendrá nada.
Como ya sabemos todos, los desayunos son una parte muy importante de mi día. Me levanto con hambre, y en Nueva York mucho más: tenía que prepararme para las largas caminatas por la ciudad. Uno de los desayunos que más veces repetí fueron las muffin, o magdalenas gigantes (XXL). Las tienen de todos los sabores (chocolate, blueberry, cinamon, etc.) y llegué a comer alguna que estaría cerca de los 400 gramos de peso. Acompañando a la muffin, un café con leche, que allí se compone de un vaso de café hasta arriba (es un café bastante aguado o ralo, como decimos en Boal) y una gota de leche. Al principio está bastante asqueroso, pero cuando te acostumbras se hace llevadero.

Cereal y yo hemos hecho muchas fotos a los desayunos que hemos tomado en la Gran Manzana. Así que a preparar las despensas, porque prometo ataques de hambre matutina durante unos cuantos domingos!
Desayuno en Lolina’s

Se retrasa hoy el post del desayuno porque he desayunado fuera, en uno de mis sitios preferidos de Madrid: La cafetería Lolina’s. Es uno de esos sitios con aire setentero, que tiene sofás y sillas distintos, y que te pone el bote de colacao y el de mermelada para que los uses a tu discreción. Hasta la camarera hace juego con el mobiliario… es un lugar más que recomendable.
La compañía era buena (sonaba un poco a despedida, pero yo soy una experta fingidora de que “aqui no pasa nasa”) y he desayunado una tostada con mantequilla y un café con leche riquísimos. Tan ricos que no me acordé de hacer la foto inicial… así que os traigo un trocito de decorado.
Desayuno sin nada

Aquí está el desayuno de Mirichán de hoy. Un café, un trozo de pan y un poco de mantequilla (por la pinta que tiene, robada de algún desayuno que me habré tomado fuera de casa, seguramente). La verdad es que visto en la foto queda un poco “pobre”, pero no hay cosa que me guste más que el pan mojado en café con leche. El sabor es inigualable; y no importa que el pan sea de ayer (aunque mejor si es crujiente) o que sea congelado.
Anoche llovió y hoy todo Madrid huele a “mojado”. Así que creo que me lo voy a tomar en la terraza, para sentir el frío de por la mañana y mojarme los pies con el agua que haya quedado en forma de charcos.
ounʎɐsǝp

Hoy vamos a ɹɐunʎɐsǝp un irresistible Nesquick y un sandwich de pan de siete cereales (aunque yo solo he contado cuatro) con unas lonchas de pavo para rellenar. Hay que ɹɐunʎɐsǝp bien porque los domingos suelen ser el día en que ordeno mi habitación, después de esforzarme concienzudamente toda la semana en desordenarla. Me pregunto que pasaría si la desordenara dos semanas seguidas: ¿me quedarían cosas para desordenar o tendría que empezar a ponerlo todo patas arriba, como en ounʎɐsǝp?



