Expatriada (en Madriz)

Besos, padres e hijos

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En mi casa no somos muy besucones. Mis padres nos han dado muchos mimos y muchos besos cuando éramos bebés y niñas, pero a partir de los once o doce años hemos parado de forma natural de expresar físicamente todo lo que nos queremos. Es por eso que yo no soy excesivamente cariñosa con la gente en general (no así con Arol o con amigos muy cercanos o mi hermana pequeña).

niña uesugui

(Ilustración de Tadahiro Uesugi) 

El otro día unos padres llevaban a su hijo al colegio en el autobús. Llegó la parada y el padre y el niño se bajaban mientras que la madre se quedaba dentro del bus para continuar a su trabajo. El niño, de unos cinco años, se despidió de su madre; y la mujer le dio un beso a su hijo en la boca. No es la primera vez que veo a padres e hijos que algunas veces se besan en los labios si el beso cae ahí.

Por supuesto que es un beso inocente, una demostración de amor maternal, tanto como si se lo dieran en la mejilla o en la frente. Que no tiene ninguna connotación sexual es algo completamente incuestionable desde mi punto de vista. Pero para mí es bastante raro ver a adultos besar a un niño en la boca. Quizá es porque mis padres y yo siempre nos hemos dado besos en las mejillas, a lo mejor en las familias más cariñosas los labios son un lugar más.

Pero ¿qué pasa cuando te haces mayor? ¿Cuándo tienes veinte o treinta años? ¿Das besos en la boca a tu padre, a tu madre, a tu novio, a tus abuelos, a todo quisqui en general?

Escrito por Mirichan

abril 24th, 2012 at 8:00 am

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Las medias que hacen que me pique el culo

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Resulta que suelo ponerme vestidos con relativa frecuencia para ir a trabajar. Me parecen fáciles porque no tengo que estar buscando como una loca cómo combinar la parte de arriba con la parte de abajo; y son cómodos porque para hacer pis levantas todo hacia arriba, te sientas y hala. Hay que tener cuidado especial para que ningún trozo del vestido entre dentro del váter y lo mojes con tus propios fluidos (que nos conocemos Mirichán) pero por lo demás, son una prenda genial, que además viste un montón y los hay de muchos tipos, para todas las formas del cuerpo.

Evidentemente, solo en verano los llevo sin medias. El resto del año, me pongo leotardos, medias o medias finitas; pero siempre algo que me abrigue un poco los bajos porque si no, muero de frío (y sería una esclava de la depilación y hay que admitir que no siempre se tiene tiempo para esos menesteres).

Como soy inquieta, suelo romper las medias con bastante frecuencia. Se me enganchan y zasca, carrerón que te crió. Así que he dejado de usar medias caras y he comenzado a comprarlas en el Primark porque son súper baratas y me evitan el drama de llorar cuando tengo que tirarlas a la basura. Las compro de diferentes grosores: del 15, del 40, del 80 y este invierno me he animado a comprarlas del 200.

primark

(Imagen vía Europa Press)

Con las medias del 200 he detectado algo raro, y es que me pica el culo. Cuando estoy mucho rato sentada empiezo a sentir esa incomodidad, ese picor en las nalgas; y si no me levanto, entonces se vuelve inaguantable. Yo creo que son tan tupidas que no me dejan transpirar bien.

Así que esa Mirichán que está en una reunión y de repente, se levanta de un saltito, tipo pop-up, porque no aguanta más el picor en el culo, ante la total estupefacción de todos los asistentes (y mi estupenda excusa de “es que se me ha dormido un pie”, que deben pensar que tengo los pies narcolépsicos de tanto que se me duermen, que se me han llegado a dormir tres veces en la misma reunión, aunque eso sí, los voy alternando). Esa Mirichán que está comiendo tranquilamente y termina tomándose el yogur de pie, porque le pica el culo (y mis compañeros que creen que como de pie porque así hago mejor la digestión, “que no os enteráis, que así la comida va en caída libre por el esófago y te sienta mejor”). Esa Mirichán que entra en el autobús para volver a casa, y todo el autobús está completamente vacío, y Miri no se sienta porque no hay mejor deporte que ir los 30 minutos de viajecito de pie, en medio del vehículo, ante la atenta mirada del conductor en cada curva y bache que pillamos… y la mejor de todas, ¡esa Mirichán que al llegar a casa corre al baño como una vaca tora y cierra la puerta y se empieza a mirar el culo para asegurarse de que no hay daños colaterales!

Lo peor de todo es que hasta que me dí cuenta de que las causantes de mis picores eran las medias lo he sufrido totalmente en silencio y pasé por todo tipo de hipótesis: si seré alérgica a la silla de mi oficina (pero no, porque me pasa también en el autobús), si es que tengo dermatitis del pañal como los bebés (pero no, porque no uso pañales), si tendré pulgas infestándome la piel del culo (porque solo es el culo, lo tengo perfectamente localizado).

Ahora sé que el grosor 200 no me va en absoluto. La putada es que tengo dos pares y ¡¡no se rompen nunca!! ¿Qué hago, las tiro aunque estén como nuevas?

Escrito por Mirichan

abril 23rd, 2012 at 8:00 am

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La alianza

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alianzas

Me casé el 29 de enero de 2010 y ese día Arol me puso una alianza en mi dedo anular y yo le puse otra en el suyo. La mía era muy especial porque fue la misma que mi abuelo llevó cuando se casó en 1937. Así que desde el día de mi boda la llevé puesta y tan contenta. No soy de la opinión de que haya que rechazarla porque es un símbolo que significa que has perdido tu libertad y ¡OH dioses! ahora perteneces a alguien; de la misma forma que tampoco creo que haya que llevarla obligatoriamente porque si te la quitas seguramente pretenderás engañar a tu cónyuge a la mínina oportunidad que te surja.

Yo estoy casada en lo más profundo de mi corazón y una alianza me parece un símbolo tan miserable de ello que ni se me pasa por la cabeza darle toda esa trascendencia.

Hace un mes más o menos, estaba poniéndome crema antes de irme a dormir y me la quité para que no se embadurnara. Y me dormí sin ella. Por la mañana me levanté y decidí no ponerme ningún anillo. Así fueron pasando los días. Al cabo de unas semanas me puse otro anillo diferente, uno grande y muy chulo que queda mejor si lo llevas solo, dándole protagonismo a tope. En resumen, que llevo como un mes sin llevar la alianza de mi boda.

Me parece muy curioso el nombre que tiene: alianza, como el acuerdo estratégico entre dos personas. En nuestra cultura se coloca en el dedo anular de la mano izquierda y dicen que es así porque en ése dedo hay una vena que llega hasta el corazón (y así simbolizamos al amor, aunque amar lo que se dice amar, lo hagamos con el cerebro, igual que escribir, leer y un montón más de cosas bonitas).

¿Algún anillo o complemento que te guste llevar siempre y no quieras dejar nunca en casa? ¿O eres como yo y no das importancia estratégica a los accesorios?

Escrito por Mirichan

abril 22nd, 2012 at 10:35 am

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Los días sin café no son días ni son nada

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cafe y ole

 

La fotografía que ilustra este desayuno de sábado sabadete es de nuestro viaje a Ámsterdam. Un café con leche con espumita y una rebanada de pan de centeno, a escasos minutos de ser untada con mermelada de frambuesa. La foto la hice yo sola y no me digas por qué, pero me encanta.

Los días sin café no son días ni son nada. Algunas mañanas desayuno otra cosa y salgo de casa sin tomar el café reglamentario. Y me sorprendo a mí misma a media mañana pensando en ése sabor a café; cuando está templado y con su punto justo de leche y azúcar (o sacarina).  Y cuando consigo hacer un hueco para tomármelo, me sabe a gloria. Igual que el que Arol y yo tomamos después de cenar.

Soy afortunada porque la cafeína no parece afectar mis patrones de sueño. Cuando me paso muuucho de la raya noto que tengo taquicardias cuando me voy a la cama, pero dormir, me duermo igual. En algún sitio leí una frase que decía “la cafeína no es un droga, ¡es una vitamina!” y conmigo parece cumplirse a la perfección.

¿Cuántos cafeinómanos tengo entre mis lectores? ¿Algún defensor del descafeinado?

Escrito por Mirichan

abril 21st, 2012 at 8:00 am

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El ritual de las tardes

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Todos tenemos un ritual de limpieza y aseo por las mañanas. La ducha, vestirse, lavarse los dientes, arreglar el pelo, ponerte ropa limpia… Nos preparamos para ir a la oficina (o para teletrabajar) en nuestras mejores condiciones de higiene personal. Y cuando no trabajamos por supuesto que hay que hacerlo igualmente, aunque quizá con un poco más flexibilidad en los horarios.

Hoy vengo a hablar sobre la rutina de la tarde. Y es que yo, después de comer en la oficina y lavar el táper y demás utensilios, realizo un cierto ritual de repaso de esa higiene.

clean1- Me lavo los dientes. Intento superar los dos minutos cepillando, para asegurarme que quedan limpios y sin rastro de comida. No quiero tener caries y tampoco quiero que mis compañeros sepan qué he comido cuando hable con ellos durante la tarde.

2- Me huelo el sobaquillo. Porque yo durante el día sudo, y si hace calor puede que empiece el olor a sudor. Si es así, me aseo como puedo con agua, jabón y toallitas húmedas y acto seguido me pongo un poco de desodorante. Normalmente con eso es suficiente porque la ducha hace el trabajo más profundo, lo del mediodía es solo un repaso.

3- Me pongo crema en la cara. Mi piel se reseca un montón con los aires acondicionados y las calefacciones, así que me la vuelvo a hidratar un poco para que esté resplandeciente.

4- Me recoloco el pelo. A veces es solo peinar un poco las puntas y otras veces es rehacerme la coleta. O colocar otra vez las horquillas.

5- Me pongo un poco de colonia, para volver a oler igual de bien que cuando llegué por la mañana a la oficina.

6- Y ya para terminar, me lavo las manos. Con agua y jabón, durante un rato más grande que cuando las lavo después de hacer pis. Y luego me pongo mi crema para las manos de la marca Eudermín, que me las deja suaves y con un olor riquísimo.

En los diferentes puestos de trabajo que he tenido no había muchos compañeros que tuvieran un sistema similar. No digo que el mío sea el mejor y que tenga que ser obligatorio (ni mucho menos) pero es que algunos ni siquiera se lavaban los dientes después de comer. Y entonces como siempre, pienso que seguramente “lo normal” sea no hacer ninguna de las cosas que yo hago y esperar a llegar a tu casa.

Pero eso sí, yo siempre huelo bien.

¿Soy una maniática de la higiene personal y deberían encerrarme por obsesivo compulsiva? ¿O es posible que las demás personas también tengan rituales como el mío y yo no me haya enterado? ¡Chan chan, nunca lo sabremos!

Escrito por Mirichan

abril 20th, 2012 at 8:00 am

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La china del pan ligero

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Me encanta inventar palabras nuevas. Ya lo hacía de pequeña (cómo olvidarse de la mininjleta o del jasío) y sigo haciéndolo de mayor. Hay conceptos que en español no existen y que entonces no me queda más remedio que crear. Por ejemplo, mi madre es Madraida y mi hermana, Jaraida y de esa forma se convierten en las únicas personas en todo el mundo con ese nombre, como seres únicos que también son. Arol por su parte es Jastricor o Roli. El sofá de color verde donde cada noche terminamos nuestros día viendo una peli o leyendo juntos es el “frugio”, es ése lugar único en el mundo donde siento la paz antes de dormir.

Ahora estoy buscando un nombre para una tienda pequeñita, regentada por chinos, que es donde compramos el pan muchos días. Nos gusta comprarlo ahí porque sus barras de pan pesan sorprendentemente poco (lo cual es genial, porque un trozo que pese sesenta gramos es más grande si lo cortas de una de esas barras de pan, lo cual es un factor de gran importancia cuando cuidas tu alimentación y no quieres coger peso). La llamamos “la china del pan ligero”. Pero se me hace un nombre muy largo, así que estoy buscando alguna forma de llamarla que la describa mejor usando menos letras.

barra de pan

La china del pan ligero es un personaje genial, digno de novela de Almudena Grandes. Es pequeña y menuda (seguramente pesará poco como sus barras de pan) y habla muy poco español. Un día fui a su tienda y le pregunté “¿lechuga?”. Ella me miró con cara de no entenderme, asi que yo empecé a soltarle palabras relacionadas con la palabra lechuga, como en el juego del tabú: “verde” “verdura” “ensalada” “iceberg”. Pero como no nos entendíamos, la tía se fue a un pasillito de la tienda y empezó a decirme “eto?” “eto?” levantando cada vez una cosa diferente. Como ví que teníamos para la próxima hora, le dije “no no gracias” y me fui a comprar la lechuga en otra tienda.

Pero no os creaís que soy la mala de la novela: cuando tuve la lechuga en mi poder, volví nuevamente a la china del pan ligero y se la enseñé repitiéndole el nombre: “LECHUGA”. Ella la miró atentamente, dijo “lechuga” y luego me dijo “no, no lechuga” con una de sus sonrisas, que son tan grandes que le borran los ojos de la cara y me asustan un poco.

Escrito por Mirichan

abril 19th, 2012 at 8:00 am

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¿Cómo contestas al teléfono?

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Seguro que ya os habéis dado cuenta, pero cada persona responde el teléfono de una manera. Cuando suena mi teléfono y es alguien que conozco, casi siempre digo “¡Hola!”, excepto si es Meli (entonces respondo Pavaaaaaaaaa) o mi madre, a la que le digo “Señora”. Si es una llamada de un número que no conozco, entonces digo “¿Si?” y pongo toda mi atención en escuchar.

telefono verde

Lo que más mola es ver a mis compañeros ingleses responder. Suena y ellos pulsan la tecla de contestar diciendo “Steph speaking”. Para mi es super raro hablar de mí misma en tercera persona, en plan “Mirichán al habla”. Pero cada cultura, tiene la suya…  Todavía me acuerdo de mi amiga Kyoko, una japonesa que conocí en Rumanía, que respondia diciendo “moshi moshi” (yo me reía un montón, siempre estaba deseando que le sonara el teléfono!) o el “pronto” que dicen los italianos o el “aló” de Chile.

Lo que está claro es que el “¿Digame?” ya está completamente pasado de moda :-)

Escrito por Mirichan

abril 18th, 2012 at 8:00 am

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Modelos de Mujer

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Como llevo mi táper a la oficina para comer, no suelo tardar más de treinta minutos. Me levanto de mi sitio, entro en la cocina, caliento lo que haya llevado y me lo como. No soy de las que necesita masticar mucho (y menos cuando tengo hambre) así que en media hora he terminado.

Algunas veces me quedo sentada en el sofá de la cocina, hablando por el móvil o con algún compañero, leyendo el periódico del día o tomando un café. Pero otros días salgo a “pasear al perro”. Al principio en la oficina se creían que tengo un perro y que lo paseaba a la hora de comer, pero es simplemente mi forma de decir que “me voy a dar una vuelta a la manzana yo sola, para despejarme y volver a la oficina con energía nueva”. Evidentemente, no hago siempre el mismo recorrido (que no es plan de que el perro se me aburra, ja!) sino que voy cambiando un poco el rumbo.

El otro día, no sé cómo, terminé en una librería que hay en Paseo de la Castellana. No es muy grande y no pertenece a una de esas grandes cadenas de librerías tipo Casa del libro o Fnac. Es una de esas librerías íntimas, pequeñitas, con escaleras crujientes. Una como aquella en la que Bastian tomó prestada la Historia Interminable.

Hablé un poco con el señor librero que me contó, como todo el mundo, que con la crisis no le va nada bien el negocio. Que antes los meses remontaban un poco entre el día del padre, el día del libro, el día de la madre y sucesivas fiestas. Pero ahora ni con esas.

Sentí una tristeza horrible porque no me imagino el mundo sin librerías. ¿Habéis escuchado alguna vez eso de que si se terminan las abejas, se termina el mundo? Bueno, pues como se terminen las librerías, también.

Así que ese día me compré un libro. Uno de Almudena Grandes (que grande, la Almudena, que hasta se le nota en el apellido) titulado “Modelos de Mujer”.

modelos de mujer

No es una novela convencional sino que es un libro de relatos cortos, cada uno de ellos protagonizado por una mujer, que te cuenta una cosa de su vida. Y te engancha tanto y te metes tan dentro que casi te las imaginas y tienes conversaciones ficticias con ellas dentro de tu cabeza. Y cuando terminas el libro tienes la certeza de que esas mujeres existen, porque ¡cómo alguien se va a inventar tan bien las vidas de otras personas!

Lamentablemente, no me puedo quedar con el libro porque ya no guardo libros en mi casa (yo y mi sensación de “tengo demasiadas cosas”) y tampoco puedo ofrecerlo porque ya sé a quién se lo quiero dar. Pero puedo escribir esta reseña y decirte que la próxima vez que pases por una librería pequeña que no quieras que cierren, te lo compres. Solo cuesta 8 euros editado por Tusquets.

Escrito por Mirichan

abril 17th, 2012 at 8:00 am

Sobre Amsterdam, el arraigo y los tours gratuitos

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Iamsterdam

En nuestro reciente viaje a Asmterdam, además de llevar una guía de viaje que yo había comprado en una tienda de libros de segunda mano hace un par de años, decidimos apuntarnos a los famosos Sandemans Tours. Se trata de una empresa que tiene diferentes tipos de paseos por algunas ciudades Europeas, donde en español o en inglés te cuentan la historia de la ciudad, te dan consejos sobre lugares que no debes perderte y recorres los puntos clave acompañado del guía. Mola un montón.

Nuestro guía se llamaba Carlos y era valenciano, aunque según me contó llevaba dos años y medio viviendo en Amsterdam. Se sentía tan integrado con la cultura y la ciudad que no echaba de menos España. En sus propias palabras, decía que cuando pensaba en “volver a casa” pensaba en Ámsterdam.

Para mí, que he vivido en varias ciudades diferentes y que he viajado bastante por el mundo, casa siempre es y será Asturias. Mira que me gusta Madrid y soy feliz aquí, pero ¿casa? Casa es Asturias y lo demás son sellos en el pasaporte. Confieso que me cuesta entender el desarraigo como el que Carlos parece que vive tan felizmente. ¿Algún expat de los que me lee le apetece pronunciarse al respecto?

En cualquier caso, nuestro paseo de tres horas y media fue genial. Nos llevó al Dam y nos explicó de dónde viene el nombre de Ámsterdam. Fuimos al barrio rojo, al punto más elevado de la ciudad, nos recomendó coffeeshops, pasamos por el barrio judio, por delante de la casa de Anna Frank… recorrimos los puntos imprescindibles de la ciudad y además aprendimos un montón de cosas.

¿Lo mejor de estos tours? Que no tienes que pagar hasta el final. Si te ha gustado, le das al guía algo de dinero. Si no te ha gustado, puedes irte sin darle nada. Si te ha flipado en colorines y te ha parecido muy cool, puedes darle muchísimo dinero al guía. Mola porque pagas por lo que recibes y conmigo esa estrategia funciona mejor que la de pedirme una entrada al principio sin saber muy bien si me va a gustar, si cumplirá mis expectativas, etc. Lo más posible es que no la compre. Aunque, como siempre, me asalta la duda de si en general la gente piensa como yo o si son capaces de ser muy ratas con la excusa de que “no hay un precio fijado”. ¿Qué opináis? ¿Creeis también que el guía se esforzará en hacer mejor su trabajo si sabe que la recaudación no es fija?

Os dejo con unas cuantas fotos de la ciudad que como siempre, son cortesía de Arol. Últimamente está que no para con su Nikon.

mercado de las flores

Una vista del mercado de las flores, donde había un montón de tulipanes y de bulbos, de todos los colores y tamaños posibles en la naturaleza. Curioso lo de la “crisis de los tulipanes” que vivió Amsterdam hace unos años…

ferry amsterdam gratuito

La estación de ferrys que hay detrás de la Centraal Station. Los ferrys que salen de ahí son gratuitos para todo el que los quiera coger y te ayudan a cruzar el río Amstel, para que puedas ir al norte y ver entre otras cosas el EYE (inaugurado el 5 de abril!)

barrio rojo amsterdam

Y supongo que esta no necesita explicación… efectivamente es el barrio rojo de Ámsterdam, famoso en el mundo entero. Cerca de esta calle estaba también el museo de la marihuana, que es el único de toda Europa dedicado a esta temática.

Escrito por Mirichan

abril 16th, 2012 at 8:00 am

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Desayuno en Amsterdam

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En nuestro viaje a Amsterdam decidimos quedarnos en un bed and breakfast llamado Van Holland House. No está en el centro, pero como Amsterdam es una ciudad pequeña, solo tardabamos 15 minutos a pie en llegar al Dam. Además, el tranvía número 4 tiene una parada justo delante y sinceramente, era lo que nos podíamos permitir. Es una ciudad muy cara en lo que respecta al alojamiento, porque allí el espacio es algo que no abunda (tantos canales de agua… todo no se puede tener) y aún así terminamos pagando 93 euros por una habitación doble (con baño compartido!).

De todas formas, merece la pena porque la habitación era muy bonita y además, dentro del armario había ¡una minicocina! Con un microondas, una pequeña neverita y algunos cacharros para poder preparar el desayuno.

Y eso es precisamente lo que os vengo a enseñar hoy: el desayuno.

Lo que más me gusta de los países de Europa del norte es que tienen un montón de panes de diferentes tipos que puedes comprar en el supermercado a un precio normal. Ya sea de cereales, de centeno puro, de maiz… los tienes todos en el rincón panadería y cuestan lo mismo que el pan blanco al que estamos acostumbrados aquí.

muchos panes para desayunar

¿A que el desayuno tiene una pinta genial?

 

Escrito por Mirichan

abril 14th, 2012 at 8:33 am

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