Archive for the ‘Viajar por el mundo’ Category
Comida de aniversario: Chapitô
En nuestro segundo aniversario, además de ir a Lisboa, queríamos comer en algún sitio especial. En esa ciudad hay un montón de restaurantes donde se come muy bien con unos precios competitivos, pero nosotros buscábamos algo totalmente inolvidable. Antes de salir de viaje busqué en un montón de webs restaurantes con encanto y al final me decidí por uno llamado “Chapitô“.

A Arol no le conté nada de mi elección y lo mantuve en secreto hasta que llegamos al lugar. Lo bonito y el principal motivo por el que me decidí por este restaurante es que no es solo un restaurante, sino que es una fundación que destina sus beneficios a la difusión del arte y del teatro. En el mismo recinto donde está el restaurante hay un teatro, donde representan todo tipo de obras, y también hay una sala de exposiciones donde los artistas cuelgan sus cuadros o esculturas. En la tienda, te encuentras el trabajo de artesanos que realizan desde bolsos con cuero a objetos de joyería.
Además, el restaurante está cerca del Castillo de San Jorge y hay unas vistas preciosas de toda la ciudad. La comida no se quedaba atrás, estaba todo buenísimo: nosotros tomamos unas tostas, una crema de verduras y una ensalada con pato; además de un par de cafés con leche y vino blanco portugués. En la carta había carnes y pescados a tutiplén, y los precios eran más que ajustados.
Con ese lugar tan bien pensado, nuestra comida de aniversario fue muy romántica y como quiero poder recordarla por mucho tiempo, he subido en este post un millón de fotos. Para no colapsar conexiones, podéis verlas después del “sigue leyendo”.
Elevador de Santa Justa
Lisboa es la ciudad de las subidas y las bajadas. No en vano su tarjeta de abono de transporte público se llama “7 colinas”.

Cuando te toca patearte la ciudad puede llegar a ser muy cansado, pero como todo en la vida, esta característica de la ciudad ofrece también un lado positivo: hay tres funiculares que te “ayudan” con las cuestas y que parecen sacados de otra época. Son muy bonitos, con su interior de madera, su tono amarillo, los cables surcando el cielo.

También hay un elevador que literalmente es un “ascensor” que te lleva de la parte baja de un barrio a la parte de arriba. Como si fuera una ciudad de dos pisos. Se llama el Elevador de Santa Justa y está construido por un discípulo de Eiffel que se llamaba Raoul Mesnier. Recuerda en algunas cosas a la torre Eiffel: es metálico, tiene adornos con aire parisino… y al llegar arriba del todo, ofrece unas vistas de la ciudad inmejorables.

Pero no es el único mirador de la ciudad. Arol y yo visitamos otros dos: el mirador de Santa Luzia y el Mirador de Graça. Los dos están pasando la catedral de Sé, en la subida al Castillo. El de Santa Luzia está más abajo y ofrece vistas del río. El de Graça está mucho más arriba (las vistas son más panorámicas) y como está un poco escondido, es más tranquilo que el anterior.
Me podría quedar horas y horas contemplando las ciudades desde los puntos más elevados. Los miradores tienen algo especial y Lisboa está llena de rincones donde sentarse a ver el mundo rodar.
(La autoría de todas las fotos corresponde a Arol)
Hay un Golden Gate en Lisboa
Os contaré un secreto: no hace mucho tiempo, yo no estaba segura de en qué ciudad de Estados Unidos estaba el Golden Gate. Sabía que estaba en EEUU, pero no estaba muy convencida de si era San Francisco, Nueva York o Chicago. Cuando viajé a Nueva York me interesé más por los hitos turísticos del país y ahí descubrí que el famoso puente rojo está en San Francisco.
Cuando llegué a Lisboa con Arol, me lo tuve que replantear. Y es que en la capital portuguesa tienen un puente que es muy parecido al Golden Gate. Cuando lo ví no podía parar de hacer vídeos con mi Cameo y de pedirle a Arol que me sacara una foto en tal o cual pose. Me encanta ese puente y es una pena que la primera (y última, por el momento) vez que viajé a Estados Unidos lo haya hecho a Nueva York. Creo que San Francisco hubiera sido una elección mucho mejor, pero… ¡¡ya llegará!!

Os dejo una foto del “Puente 25 de Abril”, que como ya supondréis, cruza el río Tajo. Por la parte de arriba pasan los coches y por la de abajo hay vías férreas. La que sale caminando con el pelo al viento soy yo. Me encanta esta imagen.
Viajando en Enero: Lisboa y la Torre de Belem
Casarte el pleno mes de enero es una putada. Nunca olvidaré el frío mortal que pasé con mi vestidito en los juzgados. Llovía a mares y yo toda divina con mis peep toes plateados. Pero una solo se casa una vez (o al menos esa es la idea cuando dices el “consiento”), así que si hay que que pasar frío, tener dolor de pies y sufrir, se sufre. La cosa es quedar guapa en las fotos, aunque nosotros no tuviéramos fotógrafo.
Los aniversarios, por tanto, también los celebramos en enero. Esta vez fuimos a Lisboa y hay que decir que el clima fue benévolo: tuvimos ese típico sol de invierno que calienta lo que puede mientras que a la sombra los gorriones estiran la pata.
Lisboa es una ciudad bonita. Es vieja y eso me gusta. Tiene ese aire de las ciudades un poco destroy, pero sin ser una Casablanca o un Bucarest. Tiene muchas cuestas que suben y que bajan, así que tuve que currarme bien los recorridos turísticos en el mapa para bajar más que subir. Los funiculares y tranvías son emocionantísimos, igual que el elevador de Santa Justa, que recomiendo tanto que en otro post hablaré de él.
Pero lo que más más más me ha gustado de Lisboa ha sido la Torre de Belem. Está en Belem, que es un pueblo diferente a Lisboa pero que como la ciudad ha crecido tanto, han terminado por unirse. Es una torre defensiva, que antes estaba en un islote sobre el río. Ahora ya no existe tal islote, y la torre está en medio del río. Y como el río es tan grande, tiene olas y arena y de todo así que parece que está en medio de la playa. Ver el pedazo de monumento, estático en medio del agua, golpeado por olas, con la luz del sol poniéndose sobre él… es precioso.
Arol lo captó muy bien en algunas fotos, así que os dejo que os deleitéis con sus imágenes. Es una suerte tener un fotógrafo como él en la familia… ¡¡no me digáis que no os entran ganas de salir corriendo a Lisboa nada más ver las fotos!!


La entrada costaba 6 euros y decidimos no entrar, no fuera que desde dentro la imagen fuera menos romántica. Mejor quedarse con el recuerdo de esa torre, impasible, al borde del “mar”.

Viajando en Enero: Lisboa
Hacia el final del mes de Enero hace dos años que Arol y yo nos casamos. Como no tuvimos viaje de novios, decidimos de mutuo acuerdo que en los aniversarios no nos regalaríamos nada a condición de hacer un viaje. El año pasado fue París, y este año nos iremos a Lisboa.
Tengo que reconocer que durante todos estos años he tratado a Portugal de forma discriminatoria. No le he prestado la atención que se merece porque aquello de que está aquí al lado, porque se parece mucho a España, porque puedes hasta ir en coche. Solo fui una vez a la zona del Sur (Algarve) pero no conozco ninguna de sus ciudades más importantes. Hasta ahora, cuando este verano en Lanzarote visitamos la casa de José Saramago y él hizo que nos interesáramos más por Lisboa.
Iremos en avión (con Iberia) y pasaremos tres noches allí. Hemos pillado un B&B que tiene bastante buena pinta y que es mucho más barato de lo que esperábamos. Tenemos una guía “Top 10 de Lisboa” y muchas ganas de caminar, coger el tranvía y disfrutar a tope haciendo lo que mejor se nos da: descubrir el lado mágico escondido en cada ciudad.
¡¡Nos vamos a la nariz de la península!!
El viajón
Queridos lectores y lectoras. Estimados comentadores. Amigos del twitter.
Es para mí un placerísimo anunciar que Arol y yo ya hemos decidido adónde será el viajón de este año. El viajón es, como su propía etimología indica, ese viaje grande (tanto en número de días como en distancia recorrida) que hacemos una vez al año. Como muchos recordaréis, en 2011 fuimos a darlo todo por cuatro paises de América del Sur. En 2012 pensamos tirar la casa por la ventana y coger un avión camino a la República de la India: el segundo país más poblando del mundo con mil doscientos cuarenta millones de habitantes.
Para que todo el mundo sepa lo en serio que vamos, ayer fuimos a la Fnac y compramos la guía para empezar a preparar el viaje. Y es que aquello es muy grande, casi debería ser un contienente mejor que un país. Todavia no sabemos cuándo iremos, así que creo que empezaré por leerme la sección de “climatología”, para ver cuándo hay menos de cincuenta grados, no hay monzones y las cobras están hibernando.
Lo mejor de todo es que tener el viajón en mente da esperanzas y fuerza para continuar con la vida laboral y seguir ahorrando para la cuenta naranja sin despilfarrar ni un euro en cosas superficiales. Ya lo gastaré todo en comprarme un auténtico sari y en montar en elefante con turbante y todo. Estamos emocionados y doy por inaugurada la etiqueta “India” en este blog. ¡Os mantendré al tanto!
¿Se atreverá Mirichán a meterse en el Ganges? ¡¡Oh, cuanto por descubrir!!
(Foto vía Telegraph)
Samba improvisada
No es un mito: Brasil siente en sus venas el ritmo de la samba y Sao Paulo no es una excepción. En la semana que estuvimos paseando por la ciudad tuvimos oportunidad de ver a dos grupos diferentes tocando y cantando, sin buscarlo. Oportunidades que surgen de forma espontánea y que por supuesto que teníamos que aprovechar.
Uno de ellos era un grupo de estudiantes, que parecía estar practicando para algún desfile o los propios carnavales. No lo hacían muy bien (a veces sonaba un poco descoordinado), pero sin duda alguna tus pies seguían los ritmos. Es inevitable, yo creo que todos llevamos un sambero en nuestro interior.
El otro, mucho más interesante, se trataba de un grupo de señores de más de 40 años, que se juntó en la salida de un bar y que estaban dándolo todo con los panderos, el agogó, la cuica, el ganzá y el chocalo. Había también uno que cantaba y que incluso se quitó el sombrero para saludarnos.y guiñarnos un ojo. Nosotros, encantados, sacamos fotos e hicimos varios vídeos y es que eventos así no vienen en ninguna guía turística.

Como ya supondréis, la samba procede de África igual que las raíces de muchos brasileños. Es genial el ritmo que transmite, y es que no solo de capoeira vive el hombre…
Barrio de Liberdade
Inciso: Supuestamente y si todo ha ido bien, ¡¡ya estamos de vuelta en Madrid!! La hora de llegada era el domingo 23 sobre las 6 de la mañana. Como seguramente estaré muuuy cansada para seguir narrando las aventuras del impresionante viaje que nos hemos metido al cuerpo, dejo un par de crónicas programadas… que todavía queda mucho por contar!
Aunque parezca mentira, los japoneses también emigran. De hecho, el país que alberga la colonia más grande de nipones es Brasil, con más de un millón y medio de personas provenientes de la tierra del sol naciente.
En Sao Paulo te encuentras con un barrio que te transporta a Japón, el barrio de Liberdade.
Es uno de los rincones más tranquilos, bonitos y mejor conservados; con sus farolas de inspiración japonesa, restaurantes de sushi al peso y supermercados donde el alga nori es lo menos exótico que te vas a encontrar.
Hasta los bancos están decorados a la japonesa con sus carteles en perfecto hiragana y katakana.
Lo más genial de todo es ver a personas con apariencia japonesa hablando en portugués. Es muy impactante ver como todos ellos se han integrado y aunque mantienen su cultura, han incorporado cosas de Brasil. No es de extrañar si se tiene en cuenta que muchos son la tercera generación (parte de la inmigración se produjo con la guerra mundial).
Ahora me pregunto si también bailarán samba en los Carnavales… ¿con kimono?
Olha que coisa mais linda, mas cheia de graça…
Una de mis grandes deudas pendientes con el mundo era hasta hace pocos días, Brasil. Es un país atractivo a más no poder, dentro de America del Sur pero diferente a todo el resto. Hace mucho tiempo que yo quería visitar Brasil y por fin lo he hecho.
Como es un país tan grande y sólo teníamos cinco días, decidimos dedicarlos integramente a la ciudad de San Pablo. Si Brasil fuera Estados Unidos, Brasilia seria Washington (una capital construída a propósito para cumplir con ese cometido, institucional y formal), Río de Janeiro sería Los Ángeles (donde las chicas van a hacerse famosas… pero con los Carnavales en este caso!!) y Sao Paulo es ¡¡Nueva York!! Capital económica a tope, con un montón de rascacielos, tráfico mortal y una quinta avenida que se llama Avenida Paulista. Hasta tiene una especie de Empire State, que es el edificio Banespa, sede actual del Banco Santander que te deja subir a su piso 34 a disfrutar de una vista panorámica genial de la ciudad… completamente gratis (anoten esto, porque es una visita imperdible).
Vista de rascacielos, impresionante selva de cemento. Foto de Arol.
Durante estos días he comido la comida de los brasileños: feijoao con arroz. Pidas lo que pidas, todo lleva como guarnición un buen montón de arroz blanco, que has de mezclar con las famosas alubias pintas. La verdad es que resulta barato alimentarse así, porque llena mucho y cuesta poco; tuve la suerte de que me gustó y lo disfruté yendo a los sitios más locales que os podáis imaginar. Allí donde iban los currantes de las obras, allí estaba Mirichán; siendo la única mujer en un lugar lleno de hombretones hambrientos. Un dato extraño es que no comen pan con la comida, supongo que el arroz y las fabes pintas son suficientes hidratos de carbono.
Una de nuestras comidas en Sao Paulo... Foto de Arol
Lo mejor gastronomicamente hablando es que hasta en el sitio más cutre, cuando terminas de comer, te ofrecen un “cafetinho” por cuenta de la casa. Se trata de un poco de café puro (poco más de un chupito) que hacen con el tradicional sistema de la manga de algodón. No he tomado café más bueno en mi vida; si en Argentina me quejaba de que el café era caro y muchas veces con leche en polvo y sucedáneos extraños, he de decir bien alto que en Sao Paulo el café está buenísimo, es baratísimo y la gente lo disfruta habitualmente. ¿Será por eso que los brasileños no toman mate? (recordemos que argentinos, paraguayos y uruguayos sí lo toman).
Y ya para terminar de despacharme con la gastronomía, decir que en Brasil he descubierto una variedad de naranjas que se llaman “naranja-pera“. Por fuera son como una naranja normal, sólo que tienen la piel más dura y de color verde (no se ponen nunca naranjas, no es una cuestión de maduración). Por dentro parece una naranja normal pero el sabor… es exquisito. Un poco más dulce que las naranjas, buenísimas! Me gustaron tanto que comía dos todos los días, y no sé qué haré sin ellas ahora.

Sao Paulo esconde un montón de cosas maravillosas, de “naranjas-pera” que yo no había imaginado que encontraría en el corazón de Brasil. Vienen posts cargados de saudade…
Cataratas de Iguazú
Una vez vimos las misiones jesuíticas, dejamos atrás la ciudad de Posadas y nos fuimos en autobús (cinco horitas de nada) a Iguazú, para visitar las famosas y archiconocidas cataratas. Como ya sabéis, estas imponentes cascadas hacen de “frontera natural” entre Brasil y Argentina, con lo que puedes alojarte en el lado brasileño o en el lado argentino.
Nosotros apostamos por Puerto Iguazú, en el lado argentino, y la verdad es que no me arrepiento para nada: es un pueblo muy bonito, muy bien comunicado con las cataratas y con mucha variedad de alojamientos. Para aquellos que son del rollo B&B, queda recomendado 100% el Pop Hostel Natura, con sus hamaquitas, piscina y desayuno incluido en el precio.

Tuvimos mala suerte y los dos días que nos quedamos en Puerto Iguazú llovió a mares. Aquí cuando llueve es en plan tropical, cada gota son como 100 mililitros de agua y no hay chubasquero que aguante. Además, los caminos son de tierra, así que se encharcan y es dificil moverse en el barro rojizo. Pero no cruzas 12.000 kilómetros de mundo para quedarte sin ver una de las maravillas de la naturaleza solo “porque llovía”, así que Arol y yo salimos de nuestro B&B conocedores de que sí, nos íbamos a empapar y probablemente caería un catarro o dos; pero ¡¡que son las cataratas de Iguazú, o como dicen los guaraníes “y” (agua) + “guassu” (grande)!!
Estuvimos desde las nueve de la mañana hasta las dos de la tarde recorriendo el parque. Vimos la “garganta del diablo”, que con sus caídas de agua de 80 metros de altura me dejaron sobrecogida. ¡¡Cuanta agua!! ¡¡Qué ruido!! También fuimos por el paseo superior, viendo otros saltos y por el paseo inferior, bajando hasta estar muy cerca del lecho del río donde el agua caía. Llovía sin parar y teníamos que caminar mucho cuidado por las pasarelas que hay en medio de la selva para no rompernos los dientes en una caída potencialmente mortal, pero aún así yo intentaba fijarme en la vegetación y en los animales.
Arol ha hecho decenas de fotos de las cataratas, pero es dificil captar la grandiosidad de tanta agua cayendo sin detenerse y abriendose paso por cada grieta. Hay que coger el avión y el chubasquero y verlo con los propios ojos.



Cuando llegamos al B&B, totalmente empapados, nos dimos una ducha calentita que nos supo a gloria, cenamos sorrentinos (una especie de tortellini) de jamón y queso cocinados por nosotros en la cocina del hostel y nos fuimos a dormir tranquilos. Próxima etapa de viaje: Sao Paulo!





