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Esas cosas que nadie ve
Hoy vengo con el firme propósito de reclamar la importancia de las cosas pequeñas. Carajo, están ahí, esforzándose por sacarnos una sonrisa, y resulta que no las vemos porque son demasiado pequeñas. Solo vemos lo graaaandre, como los premios de lotería de navidad, los puentes y días festivos en los que no tenemos que trabajar o que la chica de la que estás enamorado se despierte de pronto y diga: “estoy loca por ti”.
Yo, que estoy loca por todos vosotros, paso inmediatamente a contaros las cosas que nadie ve… y que yo he visto.
1) Los adornos que te ponen en el Corte Inglés cuando pides que te envuelvan algo para regalo. ¡¡Por el mismísimo San Nicolás!! ¡¡Cómo me gustan esas pequeñeces!! Un año son campanitas doradas, al año siguiente ponen piñas pequeñísimas con un lacito rojo y este año, preciosas estrellas doradas.

2) Tomarme el primer chocolate caliente casero del invierno. El viernes pasado cuando llegué a casa muerta de frío preparé para Arol y para mí dos tazas de chocolate caliente. No hay nada tan delicioso, tan reconfortante y que te haga recuperar el calor tan rápido. ¡Ah! Y tan romántico… ¿Cuánto hace que la gente normal y corriente no se prepara un chocolate calentito en casa? ¿O es que en este condenado país solo vamos a tomar chocolate el 1 de enero a las 7 de la mañana? Liberación de endorfinas y felicidad dentro de una taza, siempre que quieras.

3) Llegar a casa cansada de taconear todo el día por la calle, por la oficina, ¡¡por el mundo!! y encontrarme con mis preciosas leopardas. Son bonitas, pero también suaves y blandas. Es como pisar encima de tu peluche favorito. Seguro que tus zapatillas, por viejas y zarapastrosas que estén, son comodísimas. Seguro que te encanta ponértelas cuando llegas a casa, y que tus pies son muy felices cuando están dentro de ellas.

Sin vacaciones

O mar, como diria Madredeus
Hace calor y en la calle huele a verano. Además, después de tantas semanas de trabajo ininterrumpido, el cuerpo reclama a voces un par de semanas de vacaciones. Y las tendré en agosto, solo que este año, por primera vez en mucho tiempo, no iré a ningún destino nuevo. El plan es Madrid – Asturias – Madrid.
No es que no quiera viajar: quiero y mucho. Cada vez me apetece más ir a Dinamarca o enseñarle a Arol París. Pero desafortunadamente, este no es el año. El dentista está terminando poco a poco con toda mi liquidez financiera. Habíamos acordado un intercambio de casas con una pareja londinense, pero la mala suerte hace que a uno de ellos le hayan denegado el visado y no pueda salir de UK, ya que corre el riesgo de no poder volver a entrar.
Afortunadamente, que no cunda el pánico. Siempre nos quedará Asturias. Con sus montes y montañas, sus praos, su mar y sus excelentes 24 grados. Y sinceramente, tal y como están las cosas, prefiero dejarme mi minúsculo presupuesto en mi tierriña.
Se acabó lo que se daba
Esforzarse por crear contenidos de calidad en internet es una tarea sólo apta para personas con imaginación, entusiasmo e inteligencia. Cuando creé este blog, hace algo más de dos años, decidí ser transparente, poner fotografías mías y de mis amigos y familia, dar mi nombre real, mis apellidos reales y mi dirección de correo real.
Lamentablemente Dios da bragas a quien no sabe llevarlas; y ayer por la mañana una de las personas que me leen asiduamente (y a la que aprecio de verdad) tuvo el detalle de enviarme un correo para decirme que en cierta red social (a la que no pertenezco) había una foto mía asegurando ciertas barbaridades respecto a mis hábitos sexuales. Algún desalmado necesitaba una foto poniendo cierta expresión, buscó en Google y dió con mi demasiado bien posicionado blog. Sin pensar si esa persona tendrá familia, o derechos sobre el uso de su imagen, o en los deberes que todos tenemos hacia los demás, subió la foto a la red social. El resto, coser y cantar. Ahí está mi cara, para que todo el mundo la vea y para mi propia vergüenza.
Tenemos lo que nos merecemos. Terminaremos escribiendo detrás de seudónimos y del más opaco anonimato. En vez de poner nombres pondremos iniciales, en vez de dar detalles de lugares daremos vagas imprecisiones del Sistema Solar y en vez de crear sinceridad y transparencia, cada vez nos ocultaremos más. Dejaremos de compartir para protejer; dejaremos de expresar para autocensurarnos. Quien hable de libertad en la red, que se corte la lengua. No tenemos ni puta idea de lo que es la libertad: ¿a alguien le suena eso de que la propia termina donde empieza la del otro?
Pero hasta aquí llega la paciencia de la pequeña Mirichán. Escribiré para mí y ya no alegraré las mañanas ni los desayunos de nadie. Tenemos lo que nos merecemos. Viviré mi vida feliz y ajena a la basura de mundo que estamos construyendo, que aunque lo llamemos red social en realidad solo ofrece la parte más cruel de la sociedad: efectivamente, soy yo la que tiene que demostrar que esa es mi foto, que no autoricé su uso, y esperar a que la quiten. ¿Pero en qué mundo vivimos?
Los comentarios están cerrados y obviamente, el blog también. Nos vemos en cualquier página porno, cuando los desalmados quieran y menos os lo esperéis. Eso es lo que he conseguido con dos años de curro DIARIO a cambio de nada.
Will Keith Kellogg
Si Will Kellogg viviera, hoy cumpliría 150 años. Como su apellido indica, se trata del hombre que inventó los cereales para desayunar y que posteriormente fundó la compañía (hoy multinacional) Kellogg.
Will practicaba la religión adventista del séptimo día, que entre muchas otras cosas promulga una dieta basada en el vegetarianismo radical. Así las cosas, la alimentación de los adventistas era muy limitada y carecía de algunas vitaminas y minerales fundamentales. Fue entonces cuando Kellogg inventó junto a su hermano los cereales para desayunar; sustituyendo así la carne y los huevos que se consumían tradicionalmente por las mañanas.
¡Crispieeees!
Hay mogollón de tipos de cereales, Chocokrispies, los All Bran, los Frosties, Smacks, Special K… Para todos los gustos y necesidades. Mis preferidos, sin duda son los más sencillos: Corn Flakes. Los tomo con leche y también con colacao; y muchas veces al trabajo llevo un puñado para comermelos al estilo “chips”.
Tickets restaurante
En mi trabajo, como en muchos otros, me dan cada mes una cantidad considerable de dinero en forma de tickets restaurante. Como suelo llevar comida de casa, en mi bentobox (porque como la comida casera no hay nada) pues hay que buscar métodos alternativos de gastar los tickets.

La más habitual es ir a restaurantes donde poder pagar con los tickets. Arol y yo aprovechamos para salir de vez en cuando a cenar “por la patilla”; porque aunque es dinero contante y sonante, al ser en forma de tickets parece que duele menos.
Otra opción es comprar en los supermercados Montepinos. En Madrid hay tres y aceptan el pago con tickets restaurante, aunque son bastante más caros que un restaurante normal. También en las tiendas VIPS te dejan comprar cosas, siempre y cuando la mitad de la compra sea comida y la otra mitad, lo que tú quieras.
Por último, algo interesante es la pastelería Mallorca, donde puedes encargar una tarta o cualquier otra cosa de las geniales delicatessen que preparan y pagarlas con los tickets.
Si alguien más conoce una forma alternativa de gastar los tickets restaurante, yo encantada de escucharla… ¡que algunas veces cuesta deshacerse de tanto dinero de monopoly!
Soy Gangosa
No suelo ir mucho de tiendas, pero si hay algo que me encanta comprar son los complementos. Bolsos, zapatos y bisutería. Supongo que son el fetiche de muchas mujeres, y de eso trata el post de hoy.

Me encantan las tiendas de bolsos y zapatos
Iba el otro día la pequeña Mirichán por Madriz y apareció ante sus ojos una tienda de bolsos. Cartelón inmenso de rebajas, así que había que entrar para echar un vistazo rápido. Se mira y no se toca, que tocando las probabilidades de comprar son mayores.
Como quien no quiere la cosa, veo el chollo de mi vida. Un bolso que en realidad son dos, de una calidad decente por tan solo SEIS euros. No llegaba ni a las mil pelas (faltaba un céntimo). Pero como no me fío mucho, antes de tocarlo pregunté a la dependienta.
- Disculpa: ¿me puedes decir el precio de este bolso?
- Claro, seis euros.
- ¿En los tres colores o solo en negro?
- No, no, en los tres colores tiene el mismo precio.
- Aaaahhh…
- ¿Quieres que te lo ponga para llevar?
- Dame un segundo, que este es el momento de las llamadas…
Cualquiera que me oiga hablar piensa que vivo inmersa en una especie de “Quiere ser millonario”, y que a la mínima saco el comodín de la llamada. Pero no: es que cuando una encuentra una ganga tan brutal, lo mejor es compartirla. Una ganga se multiplica si la adquieren otras mujeres cercanas a ti y entonces se puede comentar en profundidad.
La primera llamada fue para Meli, la mayor fetichista de bolsos que hay sobre la tierra. Si alguna vez tienes que regalarle algo, regalale un bolso. Triunfarás. Efectivamente, no me equivoqué con la llamada, porque me encargó un bolso para ella (en gris) y otro para su madre (en negro). Luego llamé a mi madre. Ella lo quería en granate. Y un cuarto bolso para mí, por supuesto, en negro. Me llevé todos los que quedaban en la tienda. La dependienta flipó con mi momento llamada.
Unas semanas más tarde, estoy en Asturias pasando la Semana Santa. Y media maleta venía llena con los bolsos, pero todo sea por una ganga. Podéis llamarme la gangosa de Mirichán.
Cómo fue cumplir 28
Además de recibir todos los comentarios felicitadores del mundo, cumplir 28 años tuvo momentos especiales. Arol me levantó cantando el cumpleaños feliz y en la cocina, en vez de nuestro desayuno de diario me encontré… ¡¡tarta con velas!!

Momentos pre y post velas
Soplé las velas y desayuné tarta de chocolate de la famosa pastelería Lhardy, que estaba buenísima. Abrí mis regalos: un baúl joyero chulísimo y un libro que llevaba algún tiempo queriendo “El Teatro de la espontaneidad”, del gran maestro JL Moreno. Habla del psicodrama como arma terapéutica y es un tema que me interesa mucho. El libro está agotado desde hace varios años, y aunque lo habíamos visto en una librería de libros usados, costaba 15 euros, así que en su momento no me lo compré. Afortunadamente, Arol tiene buena memoria, así que ya lo tengo

Regalos y Mirichán
Durante el desayuno los sms ya llegaban a mi móvil, y de camino al trabajo aproveché para responder algunos. Nada más llegar a la oficina, en mi mesa encontré una bolsa de Duty Free con un post it de “Feliz Cumpleaños”. Era la letra de mi jefe (malísima, por cierto) y dentro de la bolsa había una mug de Scotland. ¿Cómo se habrá enterado de mi afición a las tazas? Nunca lo sabremos, pero el regalo fue un detalle y me encantó.
Luego trabajé, reuniones, algunas llamadas y sms más. Comí en diez minutos mientras trabajaba a la vez y más reuniones y correos electrónicos. Finalmente, a las 20h salí del trabajo para ir a casa nuevamente, donde Arol me esperaba para salir a cenar y celebrarlo. Llegué a casa muy cansada (es lo que tiene salir dos horas más tarde de lo que deberías), pero contenta porque mi cumpleaños es una de las cosas que me hacen más feliz del mundo, seguido muy de cerca por mi no cumpleaños… ¡que no sé exactamente cuándo caerá este año! Gracias a todos los que se acuerdaron de mí en algún momento de este día y me felicitaron, y a los que se olvidaron, que no se preocupen: ¡dentro de nada estaré posteando sobre los 29!

Fui cesárea
Fui cesárea. Dicen que los que nacemos por cesárea evitamos todo el sufrimiento fetal. Debe ser verdad, porque yo nací durmiendo y cuando me desperté fue para pedir comida. Mi madre prefirió no darme el pecho y evitarme vivir con la idea obsesiva en mi cabeza de que hace muchos años, cuando no había ni agujero en la capa de ozono, yo succioné sus pezones. Es una idea dificílisima de aceptar para mí, que se me atraganta y me trae a la cabeza un torbellino de pensamientos relacionados con la higiene, la homosexualidad, Freud y las vacas de los praos de Asturias. Igual no debería haberlo escrito, porque lo mismo es una idea contagiosa y entre mis lectores habrá más de uno que haya sido un bebé mamífero.
Yo fui un bebé biberonífero. Y no me bastaba con la comida que las enfermeras del hospital me daban: yo quería más. Lloraba, sacando la potencia pulmonar y todo mi mal genio, pidiendo más. Pero las enfermeras sabían que yo había pesado casi cinco kilos al nacer, así que se negaban a darme más comida: me pusieron a dieta con cero días de vida. Para que luego me hablen a mí de infancias difíciles.
Hoy hace veintiocho años de ese momento especial, mi nacimiento. Me acuerdo de que en el post del año pasado, cuando cumplí 27, anuncié que sería un año primordial de mi vida. Y vaya si lo ha sido.
Para los 28 no tengo grandes planes de dominación mundial: solo quiero seguir teniendo mi capacidad de ser feliz, descubrir algún país nuevo, vivir tranquila y encontrar el equilibrio entre lo que tengo, lo que creo que debería tener y lo que necesito.
Mañana, por supuesto, todos los detalles sobre cómo he pasado el día de mi cumple, cuántas cremas antiarrugas me han regalado y agradecimiento varios por tantas muestras de importancia que seguramente, no merezco.
Aranjuez
Este fin de semana Arol y yo hemos estado en Aranjuez. Tuvimos mucha suerte porque hizo un finde primaveral a tope, con sol y buenas temperaturas, así que disfrutamos mucho más de la excursión: paseamos un montón y comimos un menú del día por 10 euros en una terracita, aprovechando los rayos de sol.

Cotilleamos un montón de tiendas de souvenirs y encontramos unas flautas de bambú muy chulas por solo tres euros. Como no podía ser de otra manera, nos compramos una y me pasé el resto del día amenizando a los aranjueceños con mis Sinfonías de nueva creación, que si bien no superan al conocido tema de Joaquín Rodrigo (“Concierto de Aranjuez“) nos divirtieron un montón.

¡Es para pensarse muy seriamente lo de llevar la flauta por mis viajes del mundo y tocar pidiendo dinero para visitar museos y lugares emblemáticos!
Desayuno gatuno
Hace algunos meses descubrí en Madriz una tienda de cosas para las casas que se llama “La loja do gato preto”. Es una tienda tipo “Casa” o “Zara Home” que tiene un montón de cosas muy bonitas para utilizar en casa.
Un ejemplo de ello es toda una vajilla de colores decorada con gatos. Había un montón de platos, tazas y fuentes. Cuando los ví, no me pude resistir a comprar dos conjuntos de desayuno: una taza de un tamaño perfecto para la leche de por las mañanas, junto con un plato grande, donde en un lado se apoya la taza y en el otro puedes poner lo que vayas a comer. ¡Que idea tan buena!
Así que hoy el contenido es secundario y lo que importa es el continente. ¿A que mola? El viernes que viene os enseño el que utiliza Arol: cambia el color y también los dibujos. Da gusto tomar café en esas tazas tan bonitas, por no hablar de lo fácil que es de transportar, lavar y felicear. ¡Vivan los gatos que desayunan!





