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Yo no voy de rebajas
Desde hace más o menos dos meses, Arol y yo tenemos un ipad. Lo compramos en un arranque de consumismo puro y duro, un domingo por la tarde, lleno de aburrimiento. Es un capricho tecnológico que no necesitamos en absoluto y no hay excusas para no admitir que ha sido un gasto superfluo y bastante absurdo.
Admitido lo evidente, tengo que contaros que todas las tiendas de ropa que suelo frecuentar (Zara, Stradivarius, etc.) tienen su correspondiente aplicación para ipad, en la que puedes ver toda la ropa, los colores, los precios y si te apetece, comprar y recoger las prendas en la tienda más cercana a tu casa. Puedes hacer lo mismo a través de la página web, pero hay que reconocer que el ipad lo hace mucho más cómodo: para avanzar solo tienes que deslizar un dedo, puedes hacer zoon en la ropa…
Imagen vía Planeta Ipad
Desde que he descubierto este uso del ipad ya no voy de tiendas. Sé mis tallas (40 de pantalón, L o XL para las partes de arriba, 40 de pie), así que busco lo que necesito, lo compro y lo recojo sin esperar colas en la tienda. Cuando paso por una tienda, me da tanta pereza entrar y ponerme a revolver, a ver si hay mi talla… que prefiero mirarlo en casa tranquilamente. Esto me lleva también a no comprar nada que no necesito, porque cuando me voy de “compras digitales” busco algo en particular, concreto, que necesito o me hace falta. Así que podemos decir que el gasto superfluo del ipad me está evitando otros gastos superfluos (da igual, sigue sin ser una excusa).
Mis próximas adquisiciones serán un pantalón pitillo (skinny) de color rojo y una camiseta de tirantes de lycra (o elastano) de color blanco. También necesito una camiseta para combinar con un pantalón azul oscuro que compré este verano. Ahora solo tengo que esperar a que sean las segundas rebajas y buscarlo cómodamente desde el sofá de mi casa, capuccino en mano.
Rafa, el dependiente de Miró.
He tenido que ir un par de días a Miró, la tienda de electrodomésticos que hay en el Centro Comercial Los Prados de Oviedo. El objetivo era comprarme un netbook (uno de esos ordenadores pequeñísimos) porque debido a diversas razones tengo que dejarle a mi madre mi portátil de siempre (Billy). Se lo doy en préstamo de por vida. Lo bueno es que si en el cielo hay wai-fai, me lo puede devolver allí y yo seguiré posteando

- Compras informáticas!
En la tienda Miró estaba Rafa, un dependiente alto, moreno, con perilla. Después de cotillear a mi aire por la sección de informática, le pedí que me ayudara y estuvimos hablando un ratito sobre los diferentes modelos y las ventajas de cada uno. Fue una charla de quince minutos, pero me sentí flotando dentro de una burbuja de empatía, porque lejos de subestimarme como hacen muchos otros dependientes de las secciones más “técnicas” enseguida entendió mis necesidades y me hablaba de igual a igual. No sintió la tentación de explicarme qué es eso de tarjeta gráfica integrada, porque supo que yo ya lo sabía.
Así que cuando volví al día siguiente con la decisión tomada, no dudé en pedir que me atendiera él de nuevo. Es un profesional de los pies a la cabeza: el equilibrio justo entre vendedor, consultor e informático.
Y es que es maravilloso ver cómo cuando las personas desempeñan trabajos que les permiten desarrollar todas sus capacidades, brillan con luz propia. Pero eso, expatriados, es Recursos humanos; y hablar de trabajo durante el fin de semana queda demasiado trabajólico incluso para mí.
Demasiado ordenador.
Mi primer ordenador lo tuve con 16 años. Desde entonces, estos cacharros se han incorporado a mi vida, y lo han hecho de forma silenciosa, tanto que no me doy cuenta de cuánto los uso si no me paro a pensarlo.

Mirichán dentro de diez años...
Trabajo con el ordenador durante 10 horas mas o menos. Cuando llego a casa, descargo pelis y series, que veo usando el propio ordenador. Lo mismo con la música. Tengo un blog donde cada día cuento cosas, y reviso mi mail varias veces al día. Tengo una cuenta de Gtalk y otra de Skype que me mantiene conectada con las personas que más me importan y necesito.
Toda la operativa bancaria la hago por Internet, así como la compra de viajes, reserva de alojamientos. Hasta la cartelera del cine o de teatro, la miro en determinados portales web. Cuando tengo una duda sobre cómo se escribe una palabra, voy al buscón; y el otro día miré la frecuencia de riego de mis azaleas en Google. Por no hablar de cuando hago la compra online, envío regalos a mi familia de Asturias o utilizo Google Maps para encontrar una dirección.
Dentro de poco seremos como el robot de la foto y hablaremos entre ceros y unos.
Y nos perderemos los otros ocho números, además de lo divertido que puede ser que tu abuela te diga: ¿Entonces, cuando tú le das al horóscopo de la página web de Rappel, Rappel está en su casa escribiéndotelo en ese mismo momento, no?
Billy.

Billy (tumbado de lado)
En el mes de enero de 2007 Billy llegó a mi vida. Tiene año y medio conmigo, y la verdad es que ya no me imagino sin él. Antes de Billy tuve a John, pero eran diferentes, empezando por el color: John era blanco, grande y pesado y Billy es negro y mas pequeño.
Durante todo este año y medio, Billy no me ha dado ningún problema. Una vez pilló un virus, el TENGA.GEN, pero conseguí salvarle la vida. No le gusta el calor (enseguida empieza a subirle la temperatura, y a sudar), y no le gusta sentirse atado: continuamente se le cae el cable de la corriente. Billy es un portatil con su propia forma de ser, pero ¡¡qué haría yo sin él!!
Si. Le he puesto nombre a mi portatil. Y lo estoy antropomorfizando.
Se trata de un Packard Bell. Podría ser Paco (de Packard) o Billy (de Bell). Pero le pega más Billy. Por el momento es Billy 1.0, pero cuando tenga que formatearlo o cambiar algún componente (que todo llegará) pasará a ser 2,0, 3.0, 4.0 y así sucesivamente. La verdad es que hacemos muchas cosas juntos: ir al cine (el cine es él), ir a conciertos (él es el escenario), tener largas charlas y aprender muchísimas cosas juntos.
¿Vuestros ordenadores tienen nombre? ¿Y personalidad?

Billy sonriendo a la camara.
Por qué he activado la moderación de los comentarios.
Empecé a escribir un blog en serio en Septiembre de 2007, con Expatriada en Rumanía. En Abril de 2008 me mudé a wordpress y nació Exexpatriada en Rumania. Mi blog es un blog de contenido personal: comparto lo que pienso, lo que hago y lo que sé.
Entiendo los comentarios como el vehículo que usan las personas que llegan a mi blog para mostrar sus opiniones o añadir cualquier cosa a lo escrito en un post. Entiendo que muchas veces, hay comentarios que critican las entradas, y mi política es la de no borrar los comentarios ni bloquear IP’s para que determinadas personas no comenten. Yo llamo a eso “Democracia Blogueril”, ya que creas un espacio donde todo el mundo se puede expresar. Además, los comentarios críticos me enriquecen porque me hacen aprender y ver las cosas desde otros ángulos.
Existen personas que no sé muy bien por qué motivo, adoptan el papel de críticos perennes, detractores de cualquier cosa, eternos disconformes. A estos yo los llamo “Terroristas Blogueriles”, que para mí son diferentes de los “trolls” en que mientras que los últimos destrozan usando la inteligencia bruta; los primeros utilizan una inteligencia e ironías muy finas, que ponen al escritor en un serio apuro…
…¿me molesta este comment porque no está de acuerdo conmigo?
…¿o me molesta este comment por la actitud que hay detrás: porque no está de acuerdo nunca y nunca ha hecho un comment positivo?
No he borrado ni un comment, usando el arte de la paciencia y pensando que yo no soy mi blog, por lo que las discrepancias con mi blog no son necesariamente discrepancias conmigo. De la misma forma, he llegado a la conclusión de que las personas que comentan mi blog, no son sus comentarios, así que seguramente hasta el más desaprobador tendrá una vida plena sin ningún tipo de especial resquemor hacia mi persona (o eso espero).
Todo esta parrafada para decir que, desde el 21 de octubre, paso a moderar los comentarios en mi blog. A esto yo lo llamo “Democracia Blogueril Postmoderna”, ya que como el postmodernismo postula, nada es absolutamente malo ni absolutamente bueno, sino que la ética ha de basarse en la intencionalidad de los actos. Y es que queridos míos, hay comentarios que no tienen nada que en apariencia les haga parecer censurables (recordemos: no son trolls, son terroristas blogueriles), pero que están escritos con la intención de hacer daño.
Me ha costado mucho tomar la decisión, pero tras meditar mucho, considero que no estoy quitándole a nadie el derecho de expresarse: estoy pidiendo que lo haga con respeto. Críticas constructivas sí, ironía, sarcasmo y burla, no. Porque, recordemos, este es un blog personal, y dado que yo no intento sentar cátedra sobre nada; pediría que por favor nadie intentara hacerlo usando mi blog para ello. Si alguien quiere demostrar al mundo cuánta mordacidad y sorna puede aplicar a las cosas mundanas sobre las que escribo siempre puede crearse un blog, que puede llamarse “Sátiras sobre Ex-expatriada en Rumanía” y que yo no estaré obligada a leer si no quiero (algo que por otra parte, no puedo evitar con los comentarios).
Muchas gracias por vuestro apoyo y por haberme hecho reflexionar sobre algo tan importante como la democracia, los espacios 2.0, mi ética como escritora y muchas, muchísimas cosas más.




