Aquella chaqueta negra
Todos tenemos alguna prenda de ropa que nos gusta mucho. Ésa que cuando está vieja, descolorida, con bolas, y desmereciendo conjuntar con todo el resto de tu ropa sigues empeñandote en tener en tu armario. Ésa que huele mejor cuando la lavas, que es más suave que el resto, que te calienta más, que te reconforta.
En mi caso, se trata de una chaqueta de algodón (tipo sudadera), de color negro, con cremallera. No tiene puños, ni borde inferior, ni gorro, ni cuellos raros. La tengo desde el año 2001 y hasta hace poco creí que la había perdido: la eché en falta cuando hice la maleta para NY y para Chile. Evidentemente, quería llevármela, pero fui incapaz de encontrarla en mi armario. Busqué en mi casa de Asturias, pero allí tampoco estaba. Pregunté a amigos y conocidos si se me había olvidado en casa de alguien, pero nadie sabía nada de mi chaqueta. Y me resginé: pensé que probablemente me la había olvidado en algún café, en algún respaldo de un silla. C’est la vie, Mirichán.
Casi ocho meses después, el otro día, llegué a clase de mi profesora de flauta. La saludé, nos sentamos, empecé a tocar. Y en medio de un sol sostenido de la segunda octava dejé de soplar y me quedé mirando fijamente la chaqueta que ella llevaba puesta. Negra. Sin puños. Con la cremallera. Ella se dió cuenta de cómo la miraba yo y me dijo: ¿es tuya esta chaqueta? Alguien se la dejó olvidada aquí y por más que pregunté nadie la reclamó; así que me la quedé.
Efectivamente, era mi chaqueta. Mi profe de flauta se murió de la vergüenza porque la había pillado infraganti con ella puesta, pero me alegré tanto de recuperarla que le agradecí que la hubiera mantenido viva todo este tiempo. Y es que, con las cosas que me gustan, me ocurre algo raro. Si por alguna circunstancia las pierdo o si yo muriera y no pudiera utilizarlas más; me sirve con que alguien bueno las empiece a usar. Alguien digno, que las disfrute y las valore en su justa medida. Alguien que no sea gente.




Qué bien que la hayas recuperado! Además ha estado todo este tiempo rodeada de buena compañía y buena música. Qué mas se puede pedir!
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ivich
11 mar 10 @ 11:37
Jajaja. Me imagino la cara de miedo que puso tu profe al mirarla fíjamente
¿Qué tal te sientes habiendo recuperado LA CHAQUETA después de tanto tiempo?
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iamroberto
11 mar 10 @ 11:45
Creo recordar que ya has contado en una ocasión que casi la pierdes en un cememterio… O soy yo la que está flipando?
Yo también tengo una chaqueta querida, que siempre está arrugada dentro del bolso, y que tiene pelos de mi gato pegados por todas partes… Pero no pienso despegarme de ella NUNCA
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Míriam Reply:
marzo 11th, 2010 at 13:17
Esa era otra chaqueta diferente… que se convirtio en la numero dos cuando “perdi” la de este post
Por cierto: buena memoria!!
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PyJB
11 mar 10 @ 13:12
Has tenido suerte, porque gente ya queda poca :^).
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mortiziia
11 mar 10 @ 13:12
Qué suerte!! Aunque debió ser una situación curiosa… jejeje
Besotes!
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iPodGirl
11 mar 10 @ 13:56
A mí me pasó lo mismo con una vieja camisa, pero la mirada de disimulo de mi madre me hizo entender que nunca volvería a verla
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Diancecht
12 mar 10 @ 1:02
¿Y no le arrancaste la cabeza a la profesora por tenerla puesta? ¡Están locos estos romanos!
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Aique
12 mar 10 @ 16:52
la “gente” también puede convertirse en “alguien”,Miri
normalmente sólo necesitan una oportunidad
bs
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llarina
15 mar 10 @ 17:31