Expatriada (en Madriz)

Asado Argentino

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Aprovechando que estoy en Argentina he realizado una experiencia gastronómica de esas que te pueden gustar o no, pero que no te dejan indiferente. Como las cosas serias hay que hacerlas con rodo el rigor, dejé que Luis, un argentino (de Mendoza) de unos 60 años, me instruyera en el arte de disfrutar un típico asado argentino.

Yo nunca había comido un asado argentino, y mucho menos, rodeada de argentinos y en Argentina. Pero ha sido una experiencia maravillosa, que se merece un post insultantemente largo y con muchas fotos que consuman vuestras conexiones 3G. Quedáis avisados.

Llegamos al lugar e instantáneamente, flipé: comimos en el estupendo restaurante de las bodegas de la familia Zuccardi, un referente en los vinos de Argentina. El lugar era precioso, con una decoración y un ambiente exquisitos.  Como una es humilde y de pueblo, cuesta un poco encajar; pero al final llegué a la conclusión de que allí se iba a comer y eso lo hacemos todos, los ricos y los menos ricos.

Primero nos pasaron al “living”, mientras preparaban nuestra mesa. Después nos vinieron a buscar y nos pasaron al comedor, que era también muy bonito: todo de madera, con la mesa puesta como para una reina, el servicio educadísimo, en un equilibrio perfecto entre la amabilidad de la cercanía y el respeto de las tradiciones. Los camareros de ese lugar sabían que de cómo realizaran su trabajo también dependía gran parte de la opinión que yo me llevase del tradicional asado, y se esforzaron para que todo fuera perfecto.

Viva el lujo y quien lo trujo...

Viva el lujo y quien lo trujo...

Empezamos degustando unas mantequillas saborizadas (una a la albahaca, otra a la pimienta negra y la tercera a la aceituna) y probando diferentes variedades de aceite de oliva, elaborado en la región. Había uno llamado arauco que estaba muy bueno, era intenso y con un puntito picante al final.

Luego llegó una crema de calabaza (o zapallo, como le dicen aquí), que también estaba muy buena; seguida de las increíbles empanadas argentinas: una de carne, una de queso y una de cebolla. Buenísimas y muy diferentes a las empanadas chilenas.

Rico rico...

Rico rico...

Yo comía poquitín de todo, porque me estaba reservando para el plato fuerte, pero aún así, ya estaba medio llena. Y entonces, llegó el asado argentino: primero trajeron un montón de verduritas a la parrilla: calabacín, berenjena, cebollitas y patatas. Después una ensalada verde gigante, acompañada de un platito de tomates aliñados. Y finalmente, como en lo mejor de una sinfonía, llegó la carne: choricitos criollos y morcillas, costillas de ternera, trozos de pollo, lomo de vaca y de cerdo… todo a la parrilla. Los camareros no dejaban de pasar con sus bandejas enormes y preguntarte si querías un trozo de carne más.

Tanta comida, no sabía qué fotos poner.

Tanta comida, no sabía qué fotos poner.

Por supuesto, durante toda la comida se sucedieron los mejores vinos de la bodega: Santa Julia chardonnay, un tinto de malbec que estaba buenísimo, un blanco tardío y algo dulzón que engañaba y te hacía beber más de la cuenta…

Si ya digo que comía poquitín de todo, puedo decir que bebía menos todavía; porque con tanta copa y tanto vino que probar, aquello era un peligro.

Y sobre el asado… desafortunadamente, yo no soy muy carnívora. Probé un poco de todo y reconozco que estaba en su punto y que la carne era de excelente calidad.

Como siempre, es cuestión de gustos: yo disfruté mucho más con la parrillada de verduras.

Y ya para terminar (porque aquello parecía la comida sin fín), nos pusieron un postre que parecía dedicado a mí: un riquísimo pudding de mandarinas. La mandarina es mi fruta preferida y comerla en julio es un verdadero lujo del cambio de hemisferio. Así que mientras lo saboreaba me dediqué a sentirme especial, única y plena. Que me quiten lo bailao.

Sin embargo, y aunque parezca increíble después de todas estas descripciones en plan gourmet y fotografías varias, lo mejor de la comida no fue la comida. No.

Lo mejor de la comida fue la excelente compañía de Luis, que en todo momento me estuvo explicando las tradiciones argentinas, la historia del país, cómo se vive el asado dominical en su familia y un montón de cosas más. Un argentino que sin duda, supo desmontar mi concepto de este país entre bocado y bocado.

Luis y Mirichán


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Escrito por: Mirichan

julio 22nd, 2009 @ 8:00 am

Publicado en: Lo Viejo

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  1. Que maravilla de comida. ¿Qué tal los precios? Unos amigos que estuvieron en Argentina comieron de lujo y bastante barato.

    [Responder]

    Nesta

    22 jul 09 @ 13:50

  2. Qué genial! Luis tiene una cara de buena gente… que dista mucho del resto de los argenitinos, jajaja, pero en Mendoza la gente es diferente, recuerda que son los porteños los altaneros…
    Un beso, nos vemos a tu regreso

    [Responder]

    Nat

    22 jul 09 @ 16:39

  3. pues yo ya estoy lleno, sólo con verlo!

    [Responder]

    Gons

    22 jul 09 @ 17:55

  4. Que buena pinta tiene todo :)

    [Responder]

    dragonfly

    22 jul 09 @ 18:13

  5. Qué hambre me entra solo viéndolo!!!!!

    [Responder]

    coro

    22 jul 09 @ 19:14

  6. ¡Qué buena pinta que tiene! sobre todo las empanadillas y el postre de mandarina, que bueeenoo!!! mmm!!

    [Responder]

    Meli

    22 jul 09 @ 21:21

  7. ¡Haaaambre! ¡Y qué bien te queda el pelo recogido!

    [Responder]

    Irene

    24 jul 09 @ 4:04

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